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La ayuda a los necesitados es un deber del Estado mientras llega el desarrollo sostenible

JULIÁN A. DE DIEGO Profesor de Derecho del Trabajo. Director del Posgrado en Conducción de RR.HH. de la U.C.A.

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Hasta que llegue el desarrollo sostenible, la ayuda del Estado a los más necesitados es un deber permanente e indeclinable del Estado. Las medidas anunciadas por el Gobierno de asistencia a las comunidades y grupos más necesitados, así como las normas para la promoción del empleo joven, y la creación de puentes que unan a los excluidos con las exigencias del mercado a fin de lograr un empleo digno y sostenible son necesarias en el contexto social y como consecuencia de las medidas económicas adoptadas, que produjeron grietas y necesidades imperiosas y urgentes.

En los Estados Unidos de Norteamérica, el Gobierno Federal junto a cada estado asiste a nada menos que cincuenta millones de personas con planes sociales, vivienda social, planes de salud y subsidios. Son los excluidos, los pobres y los marginados de la primera potencia mundial. En rigor, el desfasaje que se produjo por el sinceramiento de precios y tarifas con el nuevo gobierno no tuvo como contrapartida un sinceramiento de los ingresos, que por razones obvias del mercado, decantan tiempo después con un proceso gradual de reacomodación, ya no por efecto de la inflación, sino como consecuencia del éxito, la rentabilidad y la competitividad de las empresas.

Hasta que no se puedan forjar las bases de una economía sana, por ejemplo, con una inflación anual de un dígito, combinado con una política monetaria acorde, con una fuerte reducción del déficit fiscal, y con un Estado con menores gastos y mayor eficiencia, no se podrá lograr un desarrollo sostenible.

Las expresiones desarrollo sostenible, desarrollo perdurable, y desarrollo sustentable se aplican al desarrollo socioeconómico, y su definición se formalizó por primera vez en el documento conocido como Informe Brundtland de 1987, fruto de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas, creada durante la Asamblea de las Naciones Unidas en 1983. Es a partir de este informe cuando se acató el término inglés sustainable development, y de ahí nació la confusión entre los términos desarrollo sostenible y desarrollo sustentable. La diferencia es sustantiva ya que desarrollo sostenible implica un proceso en el tiempo y espacio y va de la mano de la eficiencia lo cual permite además ser eficaz. Mientras que el ‘desarrollo sustentable’ implica una finalidad (aquí/ahora) y va de la mano de la eficacia de las herramientas y de los procesos mas no que de la eficiencia. Por tanto, un verdadero desarrollo sostenible implica por añadidura la sustentabilidad, pero la sustentabilidad no implica necesariamente que pueda haber sostenibilidad.

En el informe Brundtland (realizado por la ex-primera ministra de Noruega Gro Harlem Brundtland, 1987), se estableció que "satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para que puedan atender sus propias necesidades".

El ámbito del desarrollo sostenible puede dividirse conceptualmente en tres partes: ecológico, económico, y social. El plano sostenible se da por la relación entre el bienestar social con el medio ambiente y el desarrollo económico. Se deben satisfacer las necesidades sociales y de la población, en lo que concierne a alimentación, vestimenta, vivienda, salud, educación y trabajo, pues si la pobreza es habitual, el mundo estará encaminado a catástrofes, incluidas las ecológicas y las humanitarias. Asimismo, el desarrollo y el bienestar social están limitados por el nivel tecnológico, los recursos del medio ambiente, y la capacidad del medio ambiente para absorber los efectos de la actividad humana.

Complementariamente, Amartya Zen, Premio Nobel de Economía 1998, Profesor de Economía de la Universidad de Harvard, en su obra más reconocida ‘Pobreza y hambruna: Un ensayo sobre el derecho y la privación’ (1981), demostró que el hambre no es consecuencia de la falta de alimentos, sino de desigualdades en los mecanismos comerciales y políticos de distribución de alimentos a nivel global.

"Los que más tienen, más saben y más pueden, son los que deben atender las necesidades de los que menos tienen, menos saben y menos pueden". Es por ello que ningún gobierno, cualquiera sea su ideología o su concepción, debe abandonar a los que más necesitan.

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