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La ansiosa espera por las inversiones

MARCELO ELIZONDO Especialista en negocios internacionales, director de la consultora DNI

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Podrían ingresar u$s 30.000 millones anuales de fondos de inversión

Podrían ingresar u$s 30.000 millones anuales de fondos de inversión

La administración del Presidente Macri decidió priorizar la recepción de inversión extranjera directa (IED). Parece apropiado recuperar terreno en ese ámbito: la IED en Argentina no supera 2% del PBI cuando en el mundo casi el 30% de la inversión es de origen extranjero (en América Latina y el Caribe, 27%; y en las economías emergentes, 30%). Argentina recibió en el último lustro menos de la mitad que Chile y menos del 20% que Brasil.

Además, en Argentina la tasa de inversión interna bruta fija (IIBF) es muy inferior que en la región: apenas supera 17% del PBI, del cual poco más de un tercio es equipo durable de producción -el resto, construcción-; mientras en América Latina y el Caribe la IIBF orilla el 22%. Argentina es uno de los dos países de menor tasa de IIBF en Sudamérica.

La Unctad estima que en el reciente 2015 los flujos de IED sumada en todos los países del mundo alcanzaron al máximo nivel desde 2007, llegando a u$s 1699 ‘billions’ (miles de millones). Aún con las dificultades que exhibió el mundo, la IED creció 36%. Sin embargo esos flujos estuvieron distribuidos de diversa forma, con alzas en las economías desarrolladas (especialmente Norteamérica, donde creció 89%) y con descensos en Latinoamérica (-11,2%). Una gran porción de ese alza mundial se explicó por fusiones y adquisiciones (M&A), que crecieron 61%; mientras los niveles en proyectos nuevos (‘greenfield’) permanecieron constantes (crecieron 0,9%). Aunque -y esto debe preocupar a Argentina- en Latinoamérica las M&A decrecieron 60,2% y los proyectos ‘greenfield‘ cayeron 16,2%.

Aún con un descenso (-23%), Brasil fue el único latinoamericano en el lote de 10 principales receptores de IED en el mundo el año pasado (el octavo, conu$s 56 ‘billons’, miles de millones). La IED creció en Norteamérica, Europa y Asia Emergente; y decreció en el resto del mundo.

En Latinoamérica la IED, aún con el descenso del año anterior, ha crecido sustancialmente en el último decenio. En 2015 la región recibió u$s 151 ‘billions’ -según Unctad-. En los últimos años, los principales orígenes de IED a la región han sido EE.UU., Holanda, España, Reino Unido, Bélgica y Francia. Y de entre los latinoamericanos los que más han invertido en la región son México y Chile.

Ahora bien; parece estar generándose en Argentina cierta ansiedad en relación al tiempo de llegada de las inversiones. Y quizá no sea pertinente perder de vista que todo requiere un ciclo. Diversos estudios han analizado las condiciones que los flujos de IED requieren para llegar a un país. Las principales son tamaño de mercado (población o PBI), riesgo (respeto de los derechos subjetivos), apertura comercial (importaciones, exportaciones y marco de relacionamiento con otros mercados), costos laborales (salariales y no salariales), estabilidad macroeconómica (tasa de inflación, presión tributaria, política cambiaria), políticas comerciales (reglas de referencia para el desarrollo de la actividad), intensidad y disponibilidad de factores (recursos humanos, insumos, recursos naturales, servicios) y ventajas competitivas generales.

En Argentina, algunos de estos factores están en transición hacia mejoras, otros padecen rigideces difíciles de corregir y otros ofrecen ventajas reconocidas.

Hace unos años J. H. Dunning clasificó a la IED, de acuerdo a su motivación de localización, en cuatro grandes tipos: por búsqueda de recursos naturales, búsqueda de mercados, búsqueda de eficiencia, o búsqueda de activos estratégicos.

El tiempo es un factor clave. No se tratará de sucesos sino de procesos. Y para anticipar resultados habrá que considerar la evolución de 5 relevantes tópicos públicos: el marco institucional, las ventajas existentes y las potenciales, la orientación política del gobierno, las reformas efectivas y la maduración de los resultados de esas reformas. Y uno privado: la evolución de los propios proyectos de las empresas.