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La agricultura y el libre comercio entre Canadá y UE

Los agricultores europeos, acostumbrados a estar fuertemente protegidos por sus respectivos gobiernos, están visiblemente preocupados por la reciente suscripción del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá, al que comúnmente se denomina ‘CETA’, celebrado el 30 de octubre pasado con un texto que tiene unas 2000 páginas.
El CETA extiende el sistema de ‘cuotas de importación’ con las que se define el número de toneladas de un producto agrícola específico se pueden importar a cualquiera de los dos mercados libre de derechos de importación. Pero los volúmenes de esas cuotas han sido revisados, aumentándolos sensiblemente para los próximos siete años.

La cuota canadiense de exportación de carnes rojas a Europa creció más de seis veces, pasando de 7640 toneladas a 45.838. La de carne de cerdo, creció de 12.500 toneladas a 75.000. La de trigo, de 38.853 toneladas a 100.000. Y la de maíz dulce pasó de apenas unas 1333 toneladas a 8000 toneladas. En sentido inverso, Europa podrá ahora exportar quesos por un volumen de 8000 toneladas contra las 1333 anteriores. Esas ‘cuotas’, aún con los aumentos convenidos, no significan ciertamente una amenaza inmediata a la producción europea. Hablamos de apenas un 0,6% del consumo de carnes rojas; o del 0,4% del consumo de las carnes de cerdo. Son en todo caso una señal, una tendencia, pero no una evidencia de que Europa va en dirección a limitar sensiblemente su proteccionismo agrícola.

Por lo demás, si de pronto hubiera desequilibrios sorpresivos en el mercado individual de alguno de los productos del agro, la Unión Europea tiene una cláusula de salvaguardia que, de ser invocada, podría cerrar temporalmente el mercado afectado. Las distintas regiones pueden, por su parte, pedir individualmente la aplicación de esas salvaguardias. Canadá, de su lado, tiene la posibilidad de invocar la emergencia respecto de productos que ese país considera vulnerables y que gozan de una protección arancelaria muy elevada, como el pollo y los huevos, que no será reducida por aplicación del CETA.

Los productos cárneos canadienses que han sido alimentados con hormonas no podrán, pese a todo, ingresar al Viejo Continente para ser allí consumidos. Habrá que acreditar las respectivas líneas de producción animal, libres de hormonas.

Además, Europa tendrá ahora mayor protección en materia de denominaciones geográficas de origen. El jamón ‘de Parma’ hoy no puede importarse con esa denominación porque hay un registro de marca en Canadá que lo impide. Hay entonces un canadiense que hoy vende jamón local llamándolo ‘de Parma’, por su tipo. Esto será impedido, en más, para una lista de 173 distintos productos. Pero las definiciones europeas de denominaciones de origen son una 1550, casi diez veces entonces las que serán ahora objeto de reconocimiento en Canadá. Pero las 173 que son objeto de protección son naturalmente las más utilizadas -con mucha desaprensión- en Canadá. Canadá a su vez no podrá exportar a Europa con denominaciones que contradigan aquellas que son objeto de protección en el Viejo Continente.

Mientras el acuerdo con Canadá acaba finalmente de alcanzarse, Europa aún no ha avanzado decisivamente en sus negociaciones paralelas con el Mercosur.