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La agenda empresaria se muda a Punta del Este

Los principales CEO’s y dirigentes empresarios argentinos harán su primera movida 2017 el próximo sábado en la coqueta chacra Mamá Ganso, propiedad del banquero del Macro y titular de Adeba Jorge Brito. La convocatoria prometía ser una más en la agenda social empresaria pero los cambios de gabinete provocaron que nadie haya querido quedarse afuera. Por eso, la lista de invitados rebasó: y hubo llamados a último momento para procurarse un lugar aunque más no sea en un rinconcito perdido de esa imponente casa de veraneo.

Temas para conversar entre cóctel y canapé sobran. En primer lugar, el proyecto del Ministerio de Trabajo con el que se espera crear unos 300.000 nuevos empleos este año y que busca, por un lado, restablecer un sistema de pasantías para impulsar el empleo joven y, por otro, reinsertar parte de los beneficiarios de planes asistenciales en el mercado laboral formal a través de un mecanismo por el que el Estado absorbería el costo de los aportes patronales. Ambas iniciativas ya se ganaron las críticas de la CGT donde asocian estos proyectos a la flexibilización laboral de los ‘90.

En el sector privado, donde hace cinco años que no se genera empleo, saben que aquellos sectores que perdieron mercado o vieron derrumbar sus exportaciones han despedido en 2016. El año que acaba de finalizar tuvo bajas en el empleo en sectores sensibles como el calzado, la metalmecánica y gas. Sin embargo, hay señales alentadoras para este año. Un relevamiento de la consultora Abeceb, que preside Dante Sica, por ejemplo, señaló que en la construcción, los servicios y el agro podría haber un repunte significativo y que, además, si la curva inflacionaria continuara en el primer semestre en descenso la recuperación del salario real llegaría al 2% aunque la pauta inflacionaria se desplazara un poco por encima del 17% anual que proyectó el Gobierno en el Presupuesto en curso.

Claro que todo este escenario dependerá, en gran medida, de Brasil. Si el país vecino cerrara 2017 con un crecimiento de cero, es decir sin volver a caer, sólo eso sería una gran noticia para la Argentina, donde cada punto de derrumbe en la actividad económica brasileña impacta en casi un 2% de este lado de la frontera. Del mismo modo el exitoso blanqueo ayudará (y mucho) este año pero no llegará hasta 2018. En contrario, la inesperada situación de fuego e inundaciones que vive el campo ya pone en jaque los cerca de u$s 30.000 millones de superávit que este sector, verdadero motor de la economía hasta ahora, pronosticó para 2017.

Lo que sincerarán en la reunión de Punta del Este los empresarios argentinos es que el país posee una de las tasas más bajas de inversión en relación con el PBI. Si el promedio de América Latina es de 22%, en este punto la Argentina aún no logra distanciarse de Venezuela. Ambos países poseen los peores indicadores del ranking regional: Venezuela, 15% y la Argentina apenas 16%. Habrá que ver si los anuncios de ayer vinculados con Vaca Muerta logran revertir drásticamente esta situación y si, además, lo hacen en poco tiempo. (Lo que tampoco queda claro es si los anuncios que hizo ayer el Presidente en lo que se refiere a los cambios en el estatuto petrolero aunque tengan el aval del gremio aquietarán las críticas dentro de la CGT a las reformas laborales o, por el contrario, pondrá a la central sindical en un pie de guerra).

Los empresarios remarcarán otra importante asignatura pendiente en materia de infraestructura e impuestos en el país. Dos herramientas troncales para pensar el mediano plazo. En este sentido, las miradas privadas se depositan en la estratégica cartera de Interior, que preside Rogelio Frigerio pero donde el joven secretario Sebastián García de Luca agrega su propia impronta a la hora de cerrar acuerdos.

En esa cartera le apuestan todo a la obra pública para remontar la actividad económica en este flamante año. Sin embargo, la delicada negociación impositiva que comenzará con los gobernadores el próximo 2 de febrero será la verdadera pieza clave para mover el amperímetro y no sólo este año (que tiene licencias fiscales que permitirá el blanqueo) sino en 2018 el año en el que preocupan aún más los brotes verdes.

Fuentes gubernamentales confirmaron que la discusión del Gobierno con los gobernadores pasará por pedirles que ellos también se ajusten el cinturón. Desde la Casa Rosada saben que deben ajustar las cuentas para evitar descalabros económicos y por eso quieren que los gobernadores compartan el costo político. Los jefes provinciales -dentro y fuera de Cambiemos- se sienten el pato de la boda porque dicen que debieron ser ellos los que finalmente contuvieron la debacle del Gobierno por la discusión parlamentaria en torno al Impuesto a las Ganancias y ahora también les tocaría jugar un rol antipático en esta otra discusión.

De todos modos, también saben que hay superpoblación y superposición de impuestos entre provincias y municipios y es allí, justamente, donde las empresas piden que se afilen bien el lápiz a la hora de discutir la próxima reforma tributaria. De nada serviría, en síntesis, una reforma laboral que achique costos patronales si, luego, lo que se quita por esta vía se agrega en el cuerpo de un nuevo impuesto.

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