La Economía del Conocimiento y el coronavirus

Todo el mundo asiste impotente al espectáculo de un “cisne negro que impacta con fuerza inusitada la estabilidad y la tranquilidad de la vida social y económica, desde Oriente a Occidente, pulverizando el valor de los mercados financieros, deteniendo el tráfico de personas y mercaderías y afectando el comercio global de una manera que nadie podía imaginar siquiera hace 3 meses.

Entre los sectores más afectados hay varios que inciden fuertemente sobre la economía argentina: se desmorona el precio del barril de petróleo poniendo en jaque la viabilidad de Vaca Muerta y todo el plan energético construido en los últimos años, caen los valores de los granos y oleaginosas que son el principal recurso exportable de nuestro país, se detiene el turismo y entra en colapso todo el sistema de aeronavegación y de hoteles, gastronomía y entretenimiento, que es una fuente de trabajo insustituible en gran cantidad de provincias.

Parece que han caído las siete plagas bíblicas sobre nuestro plan económico, justo en vísperas de una negociación fundamental para resolver nuestra deuda pública con los mercados acreedores. Si antes Argentina necesitaba el ingreso de dólares genuinos hoy esa necesidad es más imperiosa e impostergable.

La buena noticia es que Argentina tiene capacidad para ampliar sustancialmente un tipo de exportaciones aún poco valoradas en el pasado: las exportaciones de las industrias del conocimiento. Muy silenciosamente nuestro país ha desarrollado una potente capacidad exportadora basada en un recurso natural ampliamente disponible en nuestra población: el talento científico y profesional de nuestro pueblo. Y este recurso no está afectado por ninguna epidemia: sigue produciendo valor cada día. Valor que no se interrumpe por el aislamiento social, que no requiere movilidad ni transporte físico de personas o bienes y que sale al mundo a través de las redes de comunicación.

 Decenas de miles de argentinos trabajan en actividades del conocimiento: servicios profesionales y de gestión empresarial, desarrolladores de software y aplicativos digitales, ingenieros y científicos, biotecnólogos, analistas y diseñadores gráficos, trabajadores de las industrias creativas y audiovisuales, etc. En toda la geografía argentina estos profesionales elaboran cada día sofisticados servicios intelectuales utilizando un insumo crítico e insustituible: el talento.

 Este conjunto de industrias exporta anualmente seis mil millones de dólares. Otra buena noticia es que este monto podría ser duplicado rápidamente sin necesidad de ninguna “lluvia de inversiones , solo poniendo adecuados estímulos para que estas actividades sean competitivas en el mercado global .

 Argentina necesita diversificar sus fuentes de sustentación fiscal. En coyunturas conflictivas como las actuales tener una matriz diversificada de recursos hace que las crisis de las economías basadas en recursos naturales puedan ser mitigadas con los aportes de las industrias basadas en el talento.

 La economía del conocimiento traduce educación en empleo y empleo en dólares de manera directa . No tenemos otra fuente de divisas más disponible, inmediata y elástica. Para medir el semillero de talento que existe en nuestro país basta observar que en nuestras universidades, públicas y privadas, están formándose casi dos millones de estudiantes, más del 60% de los cuales estudia alguna disciplina directamente vinculada a las industrias del conocimiento. El futuro de esa juventud estará en el ecosistema del conocimiento, único capaz de absorber un flujo de oferta laboral tan significativo.

Para poner en marcha estos motores se requiere terminar de establecer un marco normativo y fiscal estable y competitivo, tarea que ahora está en manos del Congreso que tratará a la brevedad algunas reformas a la Ley 27.506, de Economía del Conocimiento, votada con amplias mayorías el año pasado. Es deseable que este tránsito legislativo sea lo más rápido posible para que Argentina pronto pueda ofrecer a las empresas del conocimiento un juego de reglas claras, objetivas y razonables, a efectos de no espantar esta “gallina de los huevos de oro hacia países con marcos más amigables y seductores.

 Argentina tiene una nueva oportunidad de recomponerse en medio de una crisis. Ojalá sepamos aprender de esta emergencia sacando conclusiones positivas sobre el futuro diseño de nuestra matriz productiva.

(*) Director Ejecutivo de Argencon

Tags relacionados

Más de Columnistas

Noticias del día