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La Casa Rosada sabe que llegaron al pico, pero el descenso aún no es visible

Si hay algo que a esta altura de la administración Macri resulta más que evidente, es que el Gobierno toma decisiones económicas sin atarse al impacto político que producen. Por el contrario, parece decidido a concentrar los costos a pagar en el primer semestre, con la ilusión de que la coyuntura después se aplane y los beneficios proyectados se impongan a las críticas por su propio peso.

Este aspecto de su gestión quedó de manifiesto con el último aumento de las naftas, y con la decisión de subir el impuesto interno que grava a los cigarrillos. El Ejecutivo planteó que las subas las aplican las petroleras, y que a comienzos de año solo habían pedido que se ejecutaran en forma gradual. Pero para la opinión pública, después de trece años de kirchnerismo, las cosas pasan porque el Gobierno lo permite y no porque un actor privado lo decide. El estilo de Guillermo Moreno caló hondo.

Macri impulsa a sus funcionarios a actuar, a hacer lo que hay que hacer sin pérdida de tiempo. No le importa especular, sino llegar los más rápido posible a sus metas. Y si hay obstáculos o resistencias (como el apoyo de Sergio Massa a la ley antidespidos), recién entonces pide un plan B. Aunque eso implique desandar lo ya recorrido.

La inflación llegó en abril a su pico del año. Y mayo ya tiene su propia tanda de aumentos en marcha. Pero el Gobierno siente que ya paso el pico y que ahora solo lo espera la cuesta descendente.

Para que esos números adquieran visibilidad (al igual que los del empleo registrado), necesitan un intérprete oficial que les de sentido, y una gestión que acompañe el malhumor con argumentos.