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La Casa Rosada apuesta a discutir más antes de sacar una nueva carta

A la luz de la importante adhesión que tuvo el paro docente en su primer día, y de la fuerte movilización gremial que se espera para hoy por impulso de la CGT, surge una hipótesis que tanto analistas como empresarios empiezan a dar por real: el Gobierno tiene que hacer algo. Como si fuese un ajedrez, quienes esperan una reacción consideran que a un movimiento necesariamente le tiene que seguir otro. La tensión que se abrió con el sector sindical es vista como un factor que erosiona el ánimo social y que en caso de prolongarse en el tiempo (la CGT tiene entre manos lanzar un paro general para abril), podría agregar una complicación a las chances electorales del oficialismo.


Para fijar un sendero de expectativas, primero habría que evaluar si el Ejecutivo tiene voluntad política y presupuestaria de sacar alguna carta que pueda dar vuelta la partida. Hasta el momento, la Casa Rosada está más interesada en mostrar firmeza que flexibilidad. Es cierto que muchos de los que están a favor del paro docente se identifican con el kirchnerismo, pero eso no alcanza para neutralizar el malestar. Tanto las encuestas de gestión como el índice de confianza del consumidor mostraron que en febrero el sentimiento de que las cosas van bien se quebró. La baja de la inflación en el primer mes del año pasó como un dato más, que no llegó a instalar la percepción de que la meta oficial era sostenible.

Al Gobierno le convendría que una mejora del salario real apuntale el consumo. Pero si gremios y empresas no ayuden a que los precios sigan contenidos, cerrar una paritaria de 25% si la inflación llega a 23%, es lo mismo que firmar 20% con precios al 18%. Como analiza un informe de la Fundación Mediterránea, lo que Macri no logró poner sobre la mesa es el esfuerzo fiscal que el Estado ya hizo con la rebaja de Ganancias, ni la disparidad que tienen los salarios y las tarifas a nivel regional. A la discusión todavía le faltan argumentos.

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