Inversiones en pospandemia: cómo reducir la volatilidad y acotar las pérdidas

Empezamos a despedir 2020 y si la vacuna es tan exitosa como marcan las pruebas realizadas, también dejaremos atrás al COVID-19. La pandemia nos dio otra muestra de lo incierto que es el futuro y de la necesidad de mantener carteras diversificadas.

Fue un año de shock muy particular para la economía global, durante el cual, en el primer semestre, el PBI tuvo la mayor caída de los últimos 70 años. El nivel de destrucción de la actividad durante el lockdown global fue mayor al de las crisis financieras y sólo es comparable al registrado durante la Segunda Guerra Mundial.

Afortunadamente, pese a que Europa y Estados Unidos siguen padeciendo nuevas olas de contagios, en el tercer trimestre el PBI global rebotó y se espera que en este último continúe mostrando buenos resultados, especialmente en Asia y particularmente en China. Si bien aún falta para volver a los niveles de producción prepandemia, las expectativas apuntan a una recuperación gradual de la economía global.

Claro está que este proceso de recuperación posderrumbe no vino sólo por la apertura de las actividades. En un contexto con riesgo de deflación en los países desarrollados, los gobiernos y bancos centrales no tuvieron temor en aplicar políticas fiscales y monetarias ultra expansivas al mejor estilo “whatever it takes de Mario Draghi cuando salvó al Euro en 2012.

El resultado es la enorme expansión de la hoja de balance de bancos centrales y –lo más preocupante para el mediano plazo– el fuerte y generalizado incremento en la deuda que subió al nivel más alto desde mediados del siglo pasado. No es para llevar pesimismo, pero sí para seguir de cerca el mediano plazo.

La recuperación del nivel de actividad se llevará en un entorno en el que la FED y los demás bancos centrales mantendrán las tasas de interés en niveles mínimos, y negativas en términos reales dada la leve suba que tendrá la inflación. Es una buena noticia para los mercados emergentes que se están viendo favorecidos por la mayor liquidez global, la consecuente debilidad del dólar y la suba en los precios de las materias primas.

El desafío para Argentina

Mientras que la agenda del mundo pasa por la recuperación pospandemia, Argentina deberá enfrentar un año con muchos desafíos internos. El mejor nivel de actividad global, y de Brasil en particular, sumado a los mejores precios de las materias primas son condición necesaria, pero para nada suficiente. Es que Argentina enfrenta desequilibrios macroeconómicos que no podrán resolverse sólo con un mejor contexto internacional.

En primer lugar, porque el alza de los precios de las materias primas –lejos está de ser un shock de precios– aporta a las exportaciones entre u$s 3500 M y u$s 5.000 M adicionales dependiendo de cuánto se logre cosechar en una campaña amenazada por la sequía. Por otro lado, porque si bien el tipo de cambio real está en niveles altos –difícil concluir que está lo suficientemente alto o en equilibrio– Argentina viene perdiendo participación en las importaciones de sus socios comerciales, lo que limita los beneficios de la recuperación global.

Si bien es probable que las exportaciones permitirán mejorar la oferta de divisas, no parece ser suficiente para nutrir al mercado cambiario y quitarle presión a las reservas internacionales, pues con recuperación del nivel de actividad, brecha cambiaria elevada y una inflación que va tomando envión las importaciones irán reduciendo con prisa y sin pausa el excedente comercial que le dejó la última crisis de balance de pagos.

Habiendo perdido gran parte de las reservas internacionales y del poder de fuego para intervenir en el mercado de cambios, si el Gobierno no logra revertir las expectativas, la tensión cambiaria irá aumentando. En este sentido el acuerdo con FMI puede ser un nuevo punto de partida, no sólo porque permitiría ahora sí despejar el perfil de vencimientos de deuda, sino también porque obligaría al Gobierno a mostrar un plan fiscal más sostenible del que presenta actualmente.

La expectativa para 2021

Así las cosas, nuestras expectativas para el 2021 son positivas para el mercado global y desafiantes para el mercado local, que sin embargo tiene a su favor valuaciones muy deprimidas descontando los acontecimientos y la fragilidad local. En cuanto a lo internacional, con la inminente vacuna contra el COVID-19 y el nuevo escenario político de Estados Unidos, rebalanceamos nuestras carteras globales.

Recomendamos aumentar la exposición en el mercado de acciones, viendo aún valor en los sectores de energías limpias, en los sectores cíclicos –que este año fueron muy castigados por la pandemia–, y en mercados emergentes; aunque siempre manteniendo una participación de la cartera en activos menos volátiles y de refugio de valor, como los bonos del Tesoro americano y el oro.

En el plano local, dada la incertidumbre en cuanto a la evolución del tipo de cambio, inflación y tasas de interés, mantenemos nuestra visión de mantener una cartera diversificada que cuente con instrumentos ajustables.

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