U$D

LUNES 10/12/2018
Dólar Banco Nación
/
Merval

Interrogantes, incertidumbre y crisis

Interrogantes, incertidumbre y crisis

La reducción de la inflación (en tiempo récord), constituyó el principal desafío de la actual política monetaria. Razonando en términos microeconómicos, se supuso que, al superarse este escollo, inmediatamente se reacomodaría la macroeconomía y se marcaría una contundente diferencia con la gestión anterior (las expectativas se estabilizarían en torno a precios que brindarían información fidedigna).

El régimen de metas de inflación (RMI), una de las anclas nominales más reconocidas, cumpliría ese propósito. La eliminación gradual del déficit fiscal primario (principal argumento de la emisión de dinero), la utilización de una tasa de interés rectora de la política económica (de referencia), demostrativa del compromiso del Banco Central (la versión criolla del simplemente hágalo de Alan Greenspan), y la capitalización de los aportes provenientes de la productividad y la competitividad, devenidos de una apertura comercial y financiera (de shock), contribuirían para que el RMI arribara a los resultados deseados.

La toma de deuda en el mercado financiero global, financiaría el déficit fiscal y acumularía reservas al BC. Si bien ésta era una condición sine qua non para aspirar a más en el futuro, el atraso cambiario (explicado por los ingresos de divisas de ese endeudamiento) y la menor oferta del agro (agravada por la eliminación de las obligaciones de liquidar en el mercado local el producto de las ventas en el exterior de bienes, servicios y materias primas), añadieron ruido al panorama. Debido a los magros resultados de la balanza comercial de bienes y servicios y los giros al exterior en concepto de pagos de tasas de interés y utilidades, se incrementó el déficit de cuenta corriente del balance de pagos.

En simultáneo, sin embargo, se consiguió bajar el déficit fiscal primario (ingresos menos gasto público primario: sin intereses de la deuda pública) reduciendo subsidios pero, por el mayor endeudamiento externo, creció el devengamiento de intereses. Ergo, disminuyó el déficit fiscal primario pero, en paralelo, creció el financiero con el consiguiente mantenimiento del impacto monetario expansivo. Durante 2016/17, se observaron expansiones nominales records de la base monetaria explicadas por las compras de divisas al Tesoro, las transferencias de utilidades y los adelantos transitorios.

¿Hubo repercusiones? Si, claro. Como la oferta de dinero superó a la demanda de dinero (sin un mercado de capitales que absorbiera esos excesos), aumentó la liquidez indeseada en manos de los agentes económicos. Este efecto monetario y la distorsión provocada por las subas de tarifas, interactuando en la estructura desequilibrada de siempre, arrinconaron al RMI. La oficialización del derrape tuvo lugar el 28D, cuando, finalmente, se admitió que la meta de inflación de 2017 (techo anual de 17%) se incumpliría por más de 7,5 puntos porcentuales (pp). En ese momento, se dispuso, además, hablar de una inflación de 15% para 2018. En ese marco, las paritarias se transformaron en un ancla nominal adicional, necesaria para el cumplimiento de los compromisos del BC: los gremios debían acordar subas salariales que no superaran ese porcentaje. Hoy por hoy, las proyecciones anticipan que la meta de inflación de este año tampoco se cumpliría y que, una vez más, sus efectos no serían neutrales (la crisis cambiaria actual lo amerita). Mishkin es claro sobre los riesgos que se corren: "una situación en la que el gobierno establece un objetivo de tasa de inflación o tasa de cambio a corto plazo, que se cambia cada mes o cada trimestre, puede fácilmente llevar a un grave problema de inconsistencia temporal en el cual dominarían los objetivos de corto plazo" (Mishkin, 2007).

El proyecto tendiente a gravar los rendimientos de Lebac a extranjeros y el movimiento de divisas provocado por el encarecimiento de la liquidez internacional, aceleró los objetivos de corto plazo señalados por Mishkin. A diferencia del Real brasileño y el Peso Chileno, monedas que también sufrieron la arremetida derivada del endurecimiento monetario de la FED, el Peso Argentino se resintió sensiblemente (perdió más de 20% de su valor en pocos días), situación que no empeoró más porque, en simultáneo, el BC vendió cerca de u$s 9000 millones de sus reservas (desde marzo) e incrementó 12,5 pp la tasa de interés de política monetaria en sólo una semana: primero desde 27,25% a 30,25%, luego a 33,25% y, por último, a 40%. En todo esta suerte de apuros de último momento, no sólo emergieron los efectos distorsivos producidos por la eterna lucha entre la política y la economía sino, también, la grave inconsistencia temporal imperante y la ausencia de timing del BC. El apresurado acercamiento al Fondo Monetario Internacional (FMI), confirmó todo este diagnóstico.

Con las tasas de interés en niveles astronómicos (imposibles de bajar dados los mega vencimientos de Lebac venideros) y el sensible deterioro de las expectativas, el buen desempeño de la actividad económica del primer trimestre de este año perdería vigor. En materia de empleo e ingresos, al ya tormentoso efecto tarifas, ahora habría que agregarle el impacto que generarían las condiciones que impondría el FMI si aprobara el stand by. No quedan dudas que las pujas distributivas ingresarán, en breve, en una renovada y más intensa fase de conflicto.

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar

Más notas de tu interés