Integración al mercado mundial y participación de asalariados en el ingreso

En un documento de trabajo publicado en julio pasado, investigadores del FMI (Dao, Das, Koczan y Lian) estudian la caída de la participación de los asalariados y sus determinantes (ver documento WP/17/169). Como es sabido, el peso de la masa salarial en el ingreso global alcanzó su nivel más alto a principios de los años 70 y viene declinando desde entonces. El mínimo se alcanzó hacia 2007, justo antes que estallara la última gran crisis mundial.

El desarrollo de esta tendencia en los países periféricos justo en los 90, cuando estos avanzaron en su apertura al mercado mundial resulta, según los autores, inesperada. En primer lugar, porque contradice las predicciones de la teoría del comercio de que la integración al mercado mundial aumentaría la demanda de los productos intensivos en trabajo que estas economías con abundancia de mano de obra elaboran y, con ella, la participación laboral en los ingresos.

En segundo lugar porque, dado que el abaratamiento relativo de los bienes de capital en las economías periféricas fue mucho menor que en las avanzadas, no se registró en aquellos un proceso intensivo de progreso técnico y de sustitución de trabajo por capital al que pueda atribuirse una participación laboral declinante.

El documento ofrece una explicación del proceso que permite racionalizar la declinación solidaria de la participación salarial en ambos grupos de países. El argumento es el siguiente.

La caída de las barreras al comercio proporcionó a las empresas de las economías avanzadas fuertes incentivos para deslocalizar aquellas líneas o partes del proceso productivo relativamente intensivas en mano de obra y que, por lo tanto, presentan los ratios más elevados de participación laboral. Al mismo tiempo, la sustancial disminución de los precios relativos de los bienes de inversión estimuló la automatización de las tareas rutinarias, convirtiendo a aquellas que no se prestaban a esta modificación en firmes candidatas a la deslocalización. Como resultado, en estos países el proceso de producción se volvió más intensivo en capital y se redujo la participación laboral en los ingresos.

Simétricamente, las economías de la periferia receptoras de esas decisiones de deslocalización han experimentado un aumento de la intensidad media de capital de sus procesos de producción. En estos países las empresas procuran operar con la menor intensidad de capital que sus procesos productivos permitan, en respuesta al elevado costo relativo de este factor. La importación de líneas de producción con escaso margen para sustituir factores simplemente elevará la intensidad media de capital y reducirá la participación media del ingreso laboral en estas economías.

Según los autores, el análisis empírico avala esta interpretación. En las economías avanzadas, el aumento de la intensidad de capital explica casi la mitad de la disminución del peso de los salarios en el ingreso. El aporte de la integración global (en cadenas mundiales de valor y la integración financiera) es aproximadamente la mitad que el de la tecnología.

En los países de la periferia, en cambio, la elevación de la intensidad de capital ha desempeñado un papel insignificante, debido tanto al menor descenso del precio de los bienes de inversión como a la relativamente baja exposición a la rutinización de tareas productivas que presentan estos países. En contraste, la integración global ha tenido grandes efectos; la participación en cadenas mundiales de valor ha reducido la participación del trabajo en el ingreso en las economías periféricas.

Dada la fe que deposita el gobierno en alcanzar la prosperidad mediante una profundización de la integración de Argentina al mercado mundial, el efecto negativo de esta integración sobre la participación asalariada en el ingreso debería ser objeto de un urgente debate.

Tags relacionados

Más de Columnistas