Insultos, gritos y golpes en un país donde no dan los números

Insultos, gritos, golpes. En ese marco, el plenario de comisiones de Presupuesto y Previsión de la Cámara de Diputados emitió dictamen ayer al proyecto de reforma previsional. El mismo, que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Senadores, podría tratarse en el recinto el martes o miércoles de la próxima semana.

El oficialismo, con el poder que le dieron las urnas, empezó a medir los cambios que quiere aplicar. Sabe que la estructura del Estado es para preocuparse pero no parece tener claro cuál es la solución. ¿Será la reforma planteada el punto de partida para discutir otros ajustes?.

Pero más allá de las intenciones -buenas o equivocadas-, existen las realidades. El problema argentino no solo es de números. Es un problema que se puede definir como cultural, de desacuerdos sociales y de mirar para otro lado y no hacerse cargo de la realidad. Ejemplos sobran. Todos quieren salud y educación pública, también está bien que la policía, los maestros, los demás trabajadores del Estado ganen más, y lo mismo los jubilados. Pero la pregunta es ¿quién lo va a pagar?. De hecho, las empresas piden pagar menos y los trabajadores directamente no quieren pagar Ganancias. Si eso sucede, el resultado es obvio: menos recaudación y menos para repartir.

Pero los que pagan también tienen tienen su punto de vista atendible. Cerca del 30% de la economía está en negro, pero el Gobierno no busca incluir a ese porcentaje para que pague, sino que redistribuye la carga impositiva entre los que ya pagan ¿Esa es la solución?.

El tipo de cambio también hace ruido. Atrasado, favorece la importación en desmedro de la producción local, y acrecienta otro déficit preocupante: el comercial.

A todo este combo se suma la facilidad con la que cuentan los inversores extranjeros. Hoy la Argenti na paga generosos intereses en dólares a cualquier inversor que compra lebacs y decide salir al poco tiempo del sistema sin costo alguno. Las peleas, los gritos y los insultos en el Congreso, ponen en escena un problema no menor, pero puntual. De los problemas más agudos nadie se quiere hacer cargo.

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