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Impuestos: pasos hacia la normalidad

Ante un cambio de gobierno, las expectativas de cambio se hacen sentir día a día, y la ‘normalidad’ nos parece tan ajena que hasta en ciertos casos nos incomoda.
La herencia recibida no se trata solamente de una matriz tributaria obsoleta que no respeta los principios básicos de la tributación; como tampoco a la cantidad de contribuyentes ficticios que tributaban cuando no deberían hacerlo, mientras otros que sí lo eran con todas las letras hacían uso y abuso de blanqueos y facilidades hechas a medida; como tampoco lo son la incontable cantidad de regímenes de retención, percepción y de información a la que se ha recurrido.
La herencia tributaria recibida implica además de todo eso, y de muchas otras cosas, la lógica de la discrecionalidad y discriminación a la hora de ayudar financieramente a los contribuyentes.
El nuevo plan de pagos implica un avance hacia la normalidad, dado que de alguna manera se universaliza el derecho al financiamiento por parte del Estado, despegándose de variables que en la mayoría de los caso escapaban a la propia voluntad del contribuyente, y no tenían relación directa con la verdadera manifestación de la capacidad contributiva.
Durante todos estos años, la discrecionalidad respecto a la disponibilidad de planes de pagos fue la constante, en la que pagaban justos por pecadores. Esa lógica era muy peligrosa, y retroalimentaba un círculo vicioso en el que los principios de razonabilidad, progresividad, equidad, e igualdad quedaban totalmente desechados.
La implantación de un plan de pagos permanente no sólo ‘normaliza’ cualquier situación de la problemática financiera de los contribuyentes, sino que resulta ser un aporte fundamental en la construcción de la ‘seguridad jurídica’ que como país necesitamos transmitir al mundo; y hacia nosotros mismos.
Hablar de esto hoy, puede parecer hasta en cierto punto anacrónico con respecto a las discusiones que se plantean en el resto del mundo, pero justamente por ello nos vemos obligados a plantear soluciones concretas y evolutivas en materia tributaria. En nuestro país, debemos reconocer que justamente replantear lo ‘obvio’ es el único camino para avanzar en solucionar aquellas contrariedades tan arraigadas en la sociedad y que ponen en juego nuestro Estado de Derecho y nuestra vida democrática.
No es posible siquiera imaginar la democracia sin la existencia de seguridad jurídica, aunque sí forzarla todo lo posible, como lo hemos hecho hasta hoy en nuestro país, con todos los peligros y costos irremediables que eso acarrea.
La idea de exprimir sin piedad a los contribuyentes, en muchos casos genera el efecto inverso, llevando a que los contribuyentes salgan del sistema, fomentando de manera indirecta a la informalidad de la economía.
Son muchos los desafíos, los primeros pasos otorgan cierta sensación de normalización, algo que nos resulta tan extraño como necesario para arrancar los motores de una sociedad con una memoria a muy corto plazo y ávida de resultados.