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Impuesto al dólar futuro y una cuestionable técnica en su creación

GABRIEL LUDUEÑA Abogado especialista en materia tributaria

ANTONIO CRICCO Abogado especialista en materia tributaria

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Impuesto al dólar futuro y una cuestionable técnica en su creación

La ley 27346 creó para el año 2016, un Impuesto Extraordinario a las Operaciones Financieras Especulativas (Dólar Futuro), el cual establece para todo tipo de sujetos, ya sean personas humanas –incluyendo sucesiones indivisas– y jurídicas, un gravamen por única vez del 15% de las utilidades obtenidas.

No obstante los reparos que ya hemos expuesto con respecto a la vigencia en el tiempo del nuevo impuesto extraordinario, que lo podría tornar inaplicable, consideramos que se adiciona un factor más que podría hacer peligrar la intención legislativa, debido a la cuestionable técnica utilizada para su creación.

Para eso mencionamos que las operaciones de futuro, como son las que estamos analizando, siempre han estado alcanzadas por el tradicional impuesto a las Ganancias en relación con las Personas Jurídicas o sujetos empresas.

Donde se presenta alguna duda es con respecto a las operaciones celebradas por Personas Humanas no dedicadas habitualmente a este tipo de actividad. La AFIP respecto de operaciones similares, tuvo la polémica postura de que, estarían igualmente alcanzadas en el impuesto a las Ganancias (sin considerar necesaria la periodicidad o habitualidad).

Es indudable que la ley 27346 por su Título III que reza ‘Nuevos Impuestos’ –Capítulo III– ha demostrado una clara intención legislativa de someter a una imposición diferenciada a este tipo de rentas, no desconociéndose que el legislador sabía de la preexistencia del impuesto a las Ganancias para estas operaciones.

Por lo tanto al haberse redactado un impuesto especial, extraordinario y diferente al impuesto a las Ganancias, entendemos que el legislador generó que se deje sin efecto las regulaciones generales y anteriores previstas en el IG –para el año 2016– ya que le otorga a tales operaciones un tratamiento autónomo, especial y diferenciado.

Puede interpretarse, desde un enfoque estrictamente jurídico, que las rentas previstas en el art. 1º del Impuesto Extraordinario solo estarían gravadas por el año 2016 –y para todo tipo de sujetos– a la alícuota del 15% de las utilidades brutas, pues está claro que para una tarea interpretativa básica toda ley posterior y específica (ley 27346) priva sobre la anterior en el tiempo y que regula cuestiones generales como para el caso es el impuesto a las ganancias de todos tipos de sujetos (ley 20628 y sus modificatorias).

Sin embargo, lo expuesto no parece haber sido la intención legislativa, pues se ha entendido que el novel impuesto, para el año 2016, se adiciona al IG, no obstante queremos dejar en claro que la técnica legislativa no ha sido la mejor y que es posible el planteo de esta duda, máxime que la propia nueva norma, en su art. 5º, reenvía en forma supletoria al texto vigente de la LIG, pero no es taxativa con respecto a su superposición.

Tal cuestionable técnica legislativa debió haber sido superada sometiendo tales rentas para el año fiscal 2016, al IG, pero con una alícuota del 50% o superior, o eventualmente limitando la deducibilidad de gastos.
Algo tan simple hubiese superado estas dificultades interpretativas, más allá que la alícuota extraordinaria del 50% podría invitar a las acciones judiciales de inconstitucionalidad por eventualmente vulnerarse el derecho de propiedad. Para ello cabe recordar que la propia doctrina judicial ha entendido que la suma de tributos –en este caso del mismo nivel de estado– de por sí no es confiscatorio, salvo si se demuestra en el caso concreto la absorción de una parte sustancial de la renta del contribuyente.

Por todo lo expuesto estamos convencidos en que el legislador ha dejado una tarea más que dificultosa a los profesionales que intervengan en el asesoramiento y aplicación de este tributo.

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