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Importar gas de Chile, consecuencia absurda de una pésima política

El anuncio de que Argentina comenzará a importar gas de Chile refleja el daño que los Kirchner le han hecho al sector. Chile suministrará 5,5 Mm3/d de gas entre mayo y septiembre como parte de los 25 Mm3/día que serán importados. Es paradójico: en 1997 los gobiernos de ambos países habían firmado un contrato de provisión ininterrumpible de nuestro país al vecino, merced al cual Chile cambió su matriz energética por una más barata y saludable, la de gas. La exuberancia de la producción argentina lo hacía posible. Ahora, Chile, un país virtualmente sin gas, contribuye a abastecer la demanda de Argentina, que subexplota su riqueza gasífera. Absurdo, por donde se lo mire.
Para abastecer a Chile desde Argentina, en la década de los ’90 fueron construidos siete gasoductos transcordilleranos con inversiones privadas por unos 2 mil millones de dólares: Atacama; Norandino, Gas Andes, del Pacífico, Electrogas, Cóndor-Posesión y Bandurria/Cullen. Ahora, para traer el fluido, los gasoductos Norandino y GasAndes deben ser reconfigurados para revertirlos. El producto que enviará Chile es GNL que importa del sudeste asiático y regasifica en plantas que construyó cuando Argentina lo metió en un matete descomunal, al incumplir sus compromisos en firme. Además, por la deserción argentina, los vecinos tuvieron que hacer nuevos gasoductos e invertir en compresoras.
Argentina vivía en los ’90 un largo apogeo productivo de gas que el kirchnerismo interrumpió con sus políticas inspiradas en un capítulo del ‘manual de la demagogia‘, titulado ‘patear siempre la pelota para adelante‘. De los 34 años transcurridos entre 1970 y 2004 solamente en tres (1977, 1986 y 1989) se produjo menos gas que en el anterior. Se pasó, entre puntas, de 7,7 MMm3/año a un récord de 52,4 MMm3/año; un crecimiento de 583%. Desde principios de los ’90, con la privatización del transporte y la distribución, donde el sector privado realizó ingentes inversiones, la Argentina desarrolló una industria gasífera muy importante, que proyectó su consolidación con exportaciones a los países vecinos. La producción de gas natural más que se duplicó entre 1991 y 2004: de 23,8 MMm3 a 52,4 MMm3. Baste observar que en 1970 el gas tenía una participación de 18% en la matriz energética nacional y que actualmente es de 54%.
Pero a partir de 2005 (inclusive) comienza una dramática declinación. Ahora, al revés: cada año se produce menos gas que el anterior. En 2014 se extrajeron 41,5 MMm3, nivel similar al de 1999; 21% menos que en 2004. El gobierno anterior no asumió que cuidar y estimular la producción hubiera contribuido a mejorar la balanza energética y por ende la balanza comercial nacional. La merma derivó primero en el incumplimiento con Chile y, desde este año, en el comienzo de la importación de gas de ese país. En el medio se importó gas natural de Bolivia y Gas Licuado de Petróleo (GLP) de otros países a precios siderales. Increíble, pero real.
Las autoridades del gobierno anterior explican las exportaciones de los años ’90 por la ausencia de actividad industrial en el país, pero aún asumiendo esa realidad, ¿cómo explicarían la merma de la producción gasífera desde 2005 en un contexto de constante aumento del consumo interno del fluido?
El recorte obedece a la pésima política sectorial del kirchnerismo, que no remuneró al productor local para que perseverara en las inversiones extractivas y exploratorias. Desde 2002 la unidad de medida para las operaciones de gas, el millón de BTU, fue pagada de forma diferencial entre el productor local y el mercado externo, con diferencias en perjuicio del productor local que llegaron a superar las 4 veces en el caso de las importaciones de Bolivia y ocho tratándose del GNL traído en barcos. Actualmente el promedio del millón de BTU se paga al productor u$s 4 (promedio) mientras que el importado de Bolivia se compra a u$s 8 (llegó a u$s 11) y el GNL u$s 12 (llegó a u$s 18). Localmente hay un programa que compensa con u$s 7,5 a la producción nueva. Es cierto entonces que parte del gas que antes se exportaba, más el que empezó a importarse, fueron dirigidos al mayor consumo industrial local, pero también lo es que los gobiernos Kirchner remuneraron pesimamente mal a los productores y subsidiaron a valores ridículos el consumo, incluido el domiciliario, de un recurso que en el país se producía en forma declinante por la ineptitud oficial, y que se importaba a precios siderales.
En resumen, la intervención estatal del año 2002, prolongada hasta estos días, que implicó un fuerte subsidio al consumo de gas –con interminables congelamientos de precios– convirtió a la Argentina en un país dependiente de este combustible y a la vez incapaz de producirlo y transportarlo en los volúmenes suficientes para abastecer la demanda local y los compromisos de exportación con Chile.

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