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Hora de jubilar viejas discusiones

Hora de jubilar viejas discusiones

La discusión sobre el grado de apertura en nuestro país tiene edad suficiente como para empezar los trámites jubilatorios. De hecho no sería mala idea poder salir de esquemas argumentales perimidos en el mundo, con independencia de la mirada ideológica que se tenga.


Localmente el proceso de desarrollo económico sustentable, una y otra vez ha chocado frontalmente contra la muralla de la restricción externa. Es decir, escasez de dólares que nos dejaban fuera de juego y un costo de capital que no permitía buscar mejoras en la productividad que se conviertan en el verdadero motor que impulse mejores salarios y empleos de mayor calidad. Todo ello en un contexto de presión fiscal excesiva que genera que productos similares estén mucho más caros aquí que en países vecinos.


Sergio Massa encendió la polémica los últimos días con su propuesta de cerrar las importaciones por 120 días. Expresado de ese modo, solo se puede leer como una propuesta anacrónica e ineficiente. Pero vale decir que su propuesta tal vez no se comprendió correctamente ya que el articulado del proyecto de ley, más bien apunta a la transitoriedad en el camino hacia una apertura inteligente, en un contexto donde la aduana ha sido un colador con funcionarios investigados por la justicia.


Es decir, no se trata de prohibir las importaciones, sino dotar al estado de las herramientas necesarias para que el comercio internacional esté en línea con los objetivos de política económica y no se consolide como un nicho donde el mejor negocio lo hacen los contrabandistas.


Está claro que Argentina en la actualidad no está en condiciones de abrirse de par en par a los flujos comerciales extranjeros: tipo de cambio real atrasado, industria poco competitiva y la alta presión tributaria confluyen en una oferta de bienes locales de menor calidad y mucho mayor precio que los extranjeros. Argentina ya vivió las consecuencias de la apertura indiscriminada en materia de desarrollo pyme y empleo.
Argentina también vivió las consecuencias de la protección indiscriminada: mediocre desempeño del producto bruto per cápita en relación a la región y el mundo y una economía que siempre se las arreglaba para chocarse con la restricción externa. Prohibir el comercio nunca puede ser la respuesta en un mundo cada vez más interconectado, donde el posicionamiento de un país en la distribución de tareas dentro de las llamadas Cadenas Globales de Valor y el progreso en el ‘espacio de productos’ (en el sentido de Hausmann) son factores determinantes para su desarrollo económico.


En un interesante ranking que publicó Federico Muñoz en Twitter el 5 de septiembre, Argentina se ubica como el quinto país con menor ratio de importaciones sobre Producto Bruto Interno sobre el total de 93 países con ingresos per cápita superior a los u$s 5000. Lejos estamos de ser un importador crónico.


En una economía estancada que baila al ritmo del ciclo electoral, la innovación tecnológica debería ser uno de los principales motores para lograr un crecimiento sostenido. La idea de que las brechas internacionales de tecnología están íntimamente ligadas a los patrones de comercio internacional es conocida desde hace 200 años gracias a los aportes de David Ricardo, quien señalaba a la productividad laboral como factor determinante. Las teorías más modernas del comercio se apoyan en otros aspectos de la tecnología como retornos crecientes y diferenciación de productos. En general, la literatura reconoce los siguientes vínculos entre innovación y comercio (Kiriyama, 2012):


n i) Difusión de ideas y tecnología: puede llevarse a cabo a través de varios canales, como importaciones, inversión extranjera directa y comercio tecnológico. La difusión puede darse entre competidores (horizontal), a lo largo de la cadena de producción (vertical), puertas adentro de la empresa o desde las universidades o instituciones dedicadas a la investigaciónn ii) El rol de las exportaciones en el aprendizaje: mejor acceso a conocimiento sobre tecnologías avanzadas, estándares de alta calidad en mercados internacionales, aprendizaje más rápido.


Para poder explotar estos canales, el gobierno debe mantener un rol activo. La capacidad de absorción de conocimientos vía difusión de tecnologías que puedan llegar a explotar las firmas locales depende no sólo de los recursos en investigación y desarrollo sino también de la estabilidad política y macroeconómica y la calidad regulatoria.


Pretender venderle al mundo mientras le cerramos las puertas para que el mundo nos venda a nosotros es una fantasía casi infantil que no se verifica en la vida real. Cerrar mas la economía solo consolida la renta de empresarios que no tienen incentivos a invertir, claman por protección y terminan de vacaciones en Miami, mirando Netflix y haciendo sus compras en Chile. Una historia repetida donde ganadores y perdedores siempre han sido los mismos.

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Comentarios3
Ariel Vicente
Ariel Vicente 09/09/2016 02:32:16

Para ser competitivos hay que bajar la carga fiscal, el nivel impositivo esta en niveles confiscatorios. Ademas subir el tipo de cambio real.

09/09/2016 12:42:01

El problema NO es la apertura, mas bien todo lo contrario. Tenemos una economía cerrada, aislada.

09/09/2016 12:40:39

El problema es que discutimos lo que no existe. Inventamos problemas y los reales NO los solucionamos,los esquivamos o aplicamos la creatividad para los parches.