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Hay que incorporar a la negociación paritaria otra lógica sobre el impacto de la inflación

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HERNÁN DE GOÑI Director Periodístico

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Una vez más, la negociación de la paritaria docente puso sobre la mesa la discusión sobre cuál es la manera en la que el Estado tiene que garantizar una recomposición salarial adecuada. Los gremios sostienen su posición histórica: están dispuestos a adoptar medidas de fuerza con tal de sostener un aumento nominal por encima de la variación esperada de los precios. Es un reclamo entendible si se lo mide con el pasado, pero a la vez implica que para satisfacerlo el sector público debería reasignar gastos, subir impuestos si los ingresos no alcanzan o en último término, tomar más deuda.

Es probable que este año, por ser electoral, tanto al gobierno nacional como a las provincias les resulte difícil abandonar el esquema clásico de solución que primó hasta ahora, más cercano a la pretensión gremial que a la oficial. Sin embargo, vale señalar que ningún gobernador se mostró dispuesto hasta el momento a sacar los pies del plato con la intención de lograr un entendimiento rápido. Todo lo contrario: la sintonía que muestran varios mandatarios puede transformarse en un frente de contención político. Por el peso que tiene el empleo público en sus administraciones, saben que lo que cedan en esta ronda les puede encarecer más de la cuenta las paritarias estatales que les quedan.

Por esa razón habrá que esperar una combinación de fórmulas entre las que defiende la Nación y lo que piden los sindicatos. Buenos Aires instaló el modelo indexado, que asegura el empate a la inflación. Pero a ese número (María Eugenia Vidal ahora dice que 18% es piso) se le puede agregar una mejora real fija de uno o dos puntos por encima del IPC del trimestre previo. Al Estado le conviene una suba de ingresos como mecanismo para reactivar el consumo, pero en simultáneo se comprometió a reducir el déficit fiscal.

Pero para 2018, si los precios continúan su camino descendente, lo deseable sería que las paritarias se planteen en otros términos. El reclamo de los sindicatos debería apuntar a que el Gobierno alcance la inflación más baja posible, porque de esa forma el beneficio es para todos los asalariados y no solo para los que tienen más poder de presión. El día que se alcance la meta de un dígito, ya no se podrán echar sobre la mesa pedidos de aumento de 15% o 20% como si nada. Pero todavía falta para que llegue la hora de modificar esa lógica. Sucederá cuando la sociedad entienda que bajar la inflación no puede ser un objetivo solo del BCRA.

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Comentarios2
Raul Nieto
Raul Nieto 16/02/2017 04:41:17

EXCELENTE

Margarita Castez
Margarita Castez 16/02/2017 08:24:12

El gobierno, con el aumento de impuestos, tarifas, combustible, etc, etc, es el primero que alimenta el proceso inflacionario. Y quiere que los asalariados no reclamemos. Con qué vamos a pagar todos los aumentos?