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Hay que aprovechar el despertar de la minería

Hay que aprovechar el despertar de la minería

Hay una ideología antiminera que se da de bruces contra la realidad. Es cierto que la actividad minera tiene un impacto ambiental considerable que compromete su entorno (afectación de la superficie, posible alteración de la composición de las aguas, afectación de los suelos, impacto sobre la flora y la fauna, modificación del microclima e impacto escénico posterior). Lo que es falso es que se pueda prescindir de la actividad minera para evitar el impacto ambiental. Con las prohibiciones se puede desplazar la actividad minera de una región a otra, pero alguien tiene que producir minerales. Un mundo sin actividad minera es inviable. Tampoco es cierta la afirmación que los países centrales desplazan la minería a los países periféricos. Estados Unidos, Australia y Canadá figuran entre los cinco mayores productores mundiales de casi todas la sustancias minerales comunes, desde cobre, plata, uranio, níquel, oro y hierro, hasta bauxita, aluminio, azufre y carbón. El método que predomina entre ellos y en el mundo (no por gusto, sino por las características de los yacimientos) es la explotación a cielo abierto. Finlandia y Suecia están entre los 10 primeros países en el mundo en inversión minera.

La disyuntiva minería ‘si’ o minería ‘no’, debe ser reemplazada por la conjunción ‘minería y desarrollo sustentable’. Para la ideología antiminera la afirmación puede parecer un oxímoron, pero, además de existir prácticas de explotación congruentes con la licencia social y la licencia ambiental que minimizan los impactos de la actividad, los desafíos tecnológicos que impone la reducción de gases de efecto invernadero (cambio climático) y la reducción de la contaminación localizada en las grandes urbes hacen imprescindible como nunca antes la repuesta de la actividad minera.

Una de las tecnologías de avanzada que apunta a revolucionar la industria automotriz es la producción del auto eléctrico. Reduce la contaminación concentrada en las grandes urbes (monóxido de carbono y material particulado) y, según la fuente de provisión de electrones, reduce las emisiones de CO2. Hoy circulan 1 millón de vehículos eléctricos en el mundo, pero los pronósticos anticipan que hacia el 2035 el parque de vehículos eléctricos se elevará a 140 millones de unidades, alrededor de un 8% de la flota mundial. El producto final ‘auto eléctrico’, como otras tecnologías de energías renovables, requiere mucho cobre, cobalto, níquel, litio y grafito. En promedio un batería que propulsa un vehículo eléctrico contiene 80 kilogramos de cobre, cuatro veces más que el cobre que se utiliza en un motor de combustión interna. La producción de baterías para autos eléctricos podría generar una demanda adicional de 8.5 millones de toneladas de cobre por año. Pronósticos más audaces sobre la penetración de los vehículos eléctricos en el parque automotor vislumbran que la producción de cobre debería duplicarse hacia el 2035 para satisfacer la demanda. Para eso se necesitaría incorporar a la oferta una mina del tamaño de la chilena La Escondida, la mayor del mundo, cada año.

Pero la oferta minera no aparece de la noche a la mañana, y para que una mina alcance producción de escala suele llevar décadas. Además muchas minas están localizadas en lugares inhóspitos o muy conflictivos políticamente. El cobalto, por ejemplo, un subproducto del cobre y del níquel, tiene el 70% de sus reservas concentradas en la República Democrática del Congo. Bolivia, Chile y la Argentina, concentran en la región de la Puna entre el 60% y el 70% de las reservas mundiales de litio.

Los últimos años fueron duros para la industria minera en el mundo con caídas significativas en los precios de los principales productos. Pero en el 2016 empezó a insinuarse una recuperación que tenderá a afianzarse en los próximos años con fundamento en estas demandas adicionales. Es una muy buena y nueva oportunidad para la minería argentina con un inmenso potencial para producir muchos de los metales y minerales ‘verdes’ que demandan las nuevas tecnologías.

La política del Gobierno para restablecer certidumbre de largo plazo en este sector capital intensivo es clave para reavivar el proceso de inversión sostenida que impone su desarrollo. Si perdemos esta oportunidad, nuestra inmensa riqueza minera seguirá durmiendo el sueño de los tiempos, y, probablemente, nuevos cambios tecnológicos la vuelvan prescindible.

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