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Hay diálogo, pero la cultura política del piquete no se borra en un año

Imagen de HERNÁN DE GOÑI

HERNÁN DE GOÑI Director Periodístico

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Casi todos los balances del primer año de gestión de Mauricio Macri destacaron que el no haber conseguido mayorías parlamentarias había favorecido la reinstauración del diálogo y una mejor convivencia. El acuerdo de gobernabilidad que facilitaron los representantes de Sergio Massa y algunos sectores del justicialismo, sin embargo, se evaporó el mismo día que terminó el período ordinario de sesiones del Congreso. En diciembre reapareció la cultura del piquete: la oposición hizo valer su número y le dio aire a una reforma del Impuesto a las Ganancias que iba contra toda racionalidad fiscal. Y el Gobierno, antes de perder, usó la misma táctica con las provincias: les dijo que iban a sufrir más el impacto del proyecto cuestionado si no hacían algo para frenarlo.

Es cierto que el diálogo volvió (el Gobierno no tenía otra opción que negociar todas las leyes que necesitaba) pero todavía es apresurado decir que ya empezó el cambio cultural. Lo demuestra la persistente creencia argentina de que el Estado de Bienestar es un derecho adquirido que debe ser cumplido por el gobierno de turno, sin importar la forma en que se financie.

Como dice el economista Juan Luis Bour, la sociedad reclama que se multipliquen los panes sin preocuparse demasiado por cocinarlos antes. Y no se da cuenta que vivir con un equilibrio parcial es vivir con el riesgo permanente de una caída.

El ingreso neto de un trabajador en la Argentina es 42% del costo salarial, superior al de cualquier país emergente. Es un número que no cierra y que hace razonable el reclamo por Ganancias. Pero tampoco cierra el alto gasto del Estado ni el nivel de presión tributaria necesario para mantenerlo. La discusión que hace falta es mucho más amplia.