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Hacia una mayor competitividad

Hacia una mayor competitividad

Mucho se habla sobre la necesidad de mejorar la competitividad de las empresas argentinas. El propio Gobierno, como la UIA, en la 22da. Conferencia Industrial, coincidieron en caminar hacia una mayor competitividad y productividad. En tal sentido, para recorrer ese camino, uno de los temas que requiere la atención tanto del sector público como del privado es la ética y la transparencia.
La falta de ética y transparencia pueden erosionar cualquier iniciativa pública o negocio rentable.
Según la última encuesta de PwC sobre Delitos Económicos publicada a principios del 2016, casi 1 de 3 encuestados fue víctima de un fraude en los últimos 24 meses y el 12% sufrió un impacto financiero de más de u$s 1 millón. Asimismo, la Argentina se ubicó en el ranking de los 10 países que a mayor cantidad de empresarios se les solicitó una coima para realizar un negocio.
En este contexto, trabajar sobre la competitividad y productividad, no solo es un asunto de mejorar los costos de logística, disminuir la presión tributaria, facilitar el acceso al crédito o incentivar la innovación. Se requiere adoptar las medidas necesarias para asegurar la ética y transparencia a la hora de hacer negocios.
En primer lugar y primordial, definir los valores de la organización y cuál es la conducta esperada de todos los miembros que la integran. Más importante aún, es que todos los conozcan, practiquen y velen por su cumplimiento. Predicar con el ejemplo y actuar ante una denuncia, son pilares fundamentales para asegurar su éxito.
Segundo, conocer quiénes son los terceros con los que interactúa la organización (proveedores, distribuidores, agentes, etc.) y asegurarse que comparten los mismos valores.
Tercero, controlar y monitorear que la actividad se desarrolle conforme a lo esperado.
Y cuarto, pero no menos importante, investigar cada incidente e implementar las acciones de remediación necesarias, como parte de un proceso continuo de retroalimentación.
Las organizaciones tanto públicas como privadas tienen que desarrollar programas para combatir el fraude y la corrupción y, de esta manera, poder transitar un camino seguro en dirección hacia una mayor competitividad. Al fin y al cabo, hacer negocios de manera ética y transparente, es una ventaja competitiva.