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Hacia un paradigma eléctrico flexible y eficiente

Juan Bosch Presidente de Saesa

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Hacia un paradigma eléctrico flexible y eficiente

Argentina sigue aferrada a un paradigma eléctrico simple, rígido y obsoleto. Continuamos instalando más y más centrales eléctricas de gran escala, fuera de los centros de consumo, y transportando la energía con enormes líneas que atraviesan el país, para luego distribuirla en las ciudades. En este marco, recientemente se dio un nuevo récord de consumo eléctrico en Argentina con una potencia máxima demandada de 26.528 MW. Como era de prever, decenas de miles de usuarios de energía quedaron sin luz en hogares, comercios e industrias.

¿Cuáles son las consecuencias de este tipo de sucesos? ¿Cuáles son las posibles soluciones para evitarlos, fomentando, así, un paradigma eléctrico flexible y eficiente?

El costo incurrido para cubrir el pico fue muy alto. Las centrales disponibles se ordenan en un orden de mérito, por costo. Primero se ponen en funcionamiento las más económicas, y a medida que la demanda crece, se incorporan las más onerosas. Según Cammesa, el pico de consumo del viernes 24 tuvo un costo marginal (la central más cara) de casi u$s 227 MWh. Las centrales más caras suelen ser también las más ineficientes y contaminantes.

Este paradigma rígido y centralizado que hoy se aplica en el país es tan inflexible como ineficiente. Muchos países han incorporado sobre esta añeja matriz elementos que dan flexibilidad al sistema. Los mecanismos son variados. La generación distribuida ha demostrado ser de enorme utilidad: se trata de permitir que los usuarios sean al mismo tiempo productores de energía (con paneles solares, aerogeneradores u otros mecanismos), transformándose en prosumidores. Otra interesante herramienta es la demanda flexible: allí los usuarios de energía pueden ofrecer reducir su consumo de la red en situaciones de pico, recibiendo un pago por ello.

Abrir paso a esta flexibilidad trae múltiples beneficios: reducir los picos de consumo, los cortes de energía, las emisiones de CO2, y el costo marginal, entre otros. Y, por supuesto, dinamizaría inversiones motorizadas por una multiplicidad de actores enorme, con los consecuentes beneficios de actividad económica y agregación de valor en Argentina; desplazando importación de gasoil (combustible hoy utilizado para cubrir parte de los picos de consumo).

Para que estos mecanismos funcionen, es necesario regresar al cumplimiento de la aplicación de la Ley 24.065. Devolver al mercado eléctrico plena vigencia, con transparencia en los precios y costos reales. Devolver a los consumidores de energía su derecho perdido a elegir su proveedor de energía, tanto renovable como convencional, y negociar las condiciones de suministro libremente.

En este contexto, tendrán un cauce natural para florecer todas las iniciativas de flexibilidad, eficiencia y sustentabilidad en toda la cadena energética permitiendo un mercado abierto, transparente y competitivo, con miles de agentes operando. Ello dinamizará las inversiones y dará versatilidad al sistema eléctrico argentino, que aún está en crisis.