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¿Habrá segunda vuelta en política económica?

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JORGE TODESCA Economista. Director de Finsoport Consultores Económicos

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¿Habrá segunda vuelta en política económica?

A medida que se acerca la fecha de las elecciones generales los candidatos y sus equipos económicos se ven obligados a precisar sus propuestas en el terreno económico. El agravamiento de los desequilibrios en el sector externo de la economía y la consecuente situación cada vez más crítica de las reservas aumentan las demandas de definición. Pero las propuestas están teñidas de cautela.


Probablemente se reproduce una situación que ya ocurrió en algunas circunstancias anteriores. Estabilizar la economía argentina requerirá de un amplio programa económico, habrá costos y será necesaria mucha creatividad para encontrar el camino. A la vez, no pareciera que la dirigencia política estuviera muy convencida de esta situación, ni la sociedad está dispuesta a escuchar que vienen tiempos difíciles.


Ha ocurrido algo semejante en todas las campañas políticas desde 1983 y -aún más- este fenómeno se ha extendido a los primeros pasos de todos los gobiernos que se sucedieron. Raúl Alfonsín puso el eje de su política económica en lograr una moratoria de la deuda mientras su Ministro de Economía, Bernardo Grispun buscaba infructuosamente una salida gradual de los desequilibrios económicos maniobrando en medio de sucesivas devaluaciones, tasas de interés astronómicas, un fuerte déficit fiscal y elevada inflación. En el medio de esta tormenta las negociaciones con el Fondo Monetario en busca de un acuerdo pasaron por sucesivas etapas.


Finalmente, en febrero de 1985 con el acuerdo con el FMI suspendido y una inflación mensual del 26% el Presidente nombró Ministro a Juan Sourrouille. Mientras el nuevo equipo económico preparaba un paquete de medidas, Alfonsín se sintió obligado a sincerar la situación y en mayo convocó a una gran concentración donde anunció que había por delante una ‘economía de guerra’.Un mes después nació el Plan Austral, una coordinación inteligente de instrumentos de política económica que generó gran adhesión y tuvo positivos resultados de manera casi inmediata.


El posterior colapso del Plan Austral dio paso a la hiperinflación y facilitó el ascenso de Carlos Menem a la Presidencia de la República. A fines de 1989 Menem nombró a Antonio Erman González como Ministro de Economía que, a poco de llegar, convirtió en títulos públicos los depósitos a plazo fijo en dólares para evitar el colapso del sistema financiero y, una vez más, intentó infructuosamente domar las cuentas públicas y terminó el año 1990 con un 2300% de inflación.


La ‘solución’ llegó pocos meses después con el plan de convertibilidad. La crisis facilitó que la opinión pública aceptara primero la venta de las empresas públicas y luego la privatización del Sistema de Seguridad Social, que fueron las claves para equilibrar durante algún tiempo las cuentas fiscales.


Tras el estallido de la convertibilidad y con la reprogramación de los depósitos bancarios denominados en su mayoría en dólares, se planteó la devolución de los mismos mediante títulos de la deuda pública. El Congreso nunca aprobó que este mecanismo fuera de aceptación obligatoria y los ahorristas rechazaron al inicio la solución ofrecida, lo que fue el detonante de la renuncia del Ministro Jorge Remes Lenicov. Su sucesor, Roberto Lavagna insistió pacientemente con este camino hasta que, con el transcurso del tiempo, el mismo se impuso.

Las tres situaciones anteriores tuvieron dos momentos de resolución ya sea desde el punto de vista de la política económica instrumentada, de la aceptación social de la misma o desde una combinación de ambos factores.

Las preguntas son, volviendo al momento actual, por un lado si los equipos económicos de los presidenciables tienen claro el diagnóstico y la solución y si los dirigentes políticos y la sociedad tienen una misma percepción de ambas cuestiones.


La primera cuestión es difícil de dilucidar pero, aun respondiendo positivamente a la misma, lo que está claro es que los dirigentes políticos no están dispuestos a incluir la magnitud de las crisis en sus discursos y la mayoría de la sociedad tampoco está proclive a escuchar este tipo de mensaje. En consecuencia, cualquiera sea el derrotero electoral, es bastante probable que -una vez más- en materia de política económica el éxito venga en la segunda vuelta.

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