Golpe a los inmigrantes: sin viajes ni remesas

La crisis local se ensañó particularmente con un sector que necesita dólares para pasar las fiestas navideñas

Aunque cada persona es distinta, podemos decir que las fiestas de fin de año potencian sentimientos que en el resto del año permanecen menos visibles, tanto de alegría como de tristeza y nostalgia.

Los inmigrantes son, quizás, el segmento que más padece en esta época. Las terminales de micros y aviones se llenan de personas que portan una indisimulable ansiedad por concretar el esperado viaje de reencuentro y otros, impacientes, hacen cola en las agencias de envío de dinero para que sus parientes pasen una navidad menos austera.

Pero no todo se reduce a estados de ánimo. Diciembre implica la potenciación de problemas que viven a diario.

Juntar dinero durante todo el año para enviarlo a los familiares en el país de origen es la principal tarea de muchos de ellos. Pero se volvió extremadamente difícil en la Argentina.

La combinación fue explosiva. El precio del dólar se disparó a niveles inaccesibles y frenó cualquier esperanza de ahorro, además la actividad económica se desplomó y lo primero que se cortó fue el empleo. Finalmente, la instalación del cepo puso un tope para la compra de divisas en los segmentos que aún pudieron generar ahorros para enviar al exterior. A ello hay que sumarle el cánon que pagan por el envío del dinero a las agencias, que rondan el 10% de lo enviado.

Y como si esto fuera poco, la situación se agravó en los últimos días. El impuesto a la compra de moneda extranjera amenaza con golpearlos de manera particular, sobre todo aquellos recién llegados que son los que aún no cuentan con familias en el país y que -además- son los que deben enviar dinero a destinos lejanos -como senegaleses, colombianos o venezolanos-.

Las historias se repiten por miles. Incluso en empleos de alta calificación, los salarios en dólares sufrieron un impacto mucho mayor que el de su capacidad de compra en el ámbito local. Además, los gastos típicos de los migrantes, como alquileres, fueron objeto de aumentos muy superiores al promedio del costo de vida de la economía. Así, aún con el cinturón apretado, la capacidad de ahorro se desplomó.

Esta suma de problemas puede lograr algo que nunca había sucedido. A pesar de que Argentina es históricamente un país emisor de remesas, este año la balanza tendería a equilibrarse. En 2017 el saldo negativo había llegado a más de u$s 3000 millones, la expectativa es que la pérdida para 2019 se reduzca bruscamente.

Los medios de Bolivia y Paraguay, por ejemplo, acusaron recibo y hubo notas periodísticas que reflejaron caídas de hasta un 50% en la llegada de divisas desde este país.

Otro problema es el de los viajes. Ya la devaluación habría hecho que el precio de viajar a pasar las fiestas se volviera un problema de difícil solución, pero el impuesto a la compra de dólares también impactará en el costo de los pasajes que amenazan con convertirse decididamente en inaccesibles.

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