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Gobierno en modo "dovish", dólar, timbreo y el emoticón de Alfonso Prat-Gay

El ministro Alfonso Prat-Gay deberá lidiar con un mayor costo fiscal

El ministro Alfonso Prat-Gay deberá lidiar con un mayor costo fiscal

¿Yo señor?, Sí señor. Pues entonces quién lo tiene. La economía duerme la mona y esconde las respuestas que busca buena parte de la sociedad, como si se tratara de encontrar un esquivo tesoro enterrado hace varios cientos de años. A pesar de la profusión de bóvedas, cajas fuertes, depósitos sospechosos y más recónditas explicaciones para el origen de esos mismos fondos de ex funcionarios y parientes que suelen poblar el debate en los medios y los pasillos de la Justicia, prácticamente podría decirse que en los últimos días quedó en evidencia que la procesión más intensa es aquella que tiene que ver con la economía del bolsillo. Si bien una máxima de las ciencias políticas reza que la sociedad le da mayor importancia a la corrupción en épocas de vacas flacas, lo concreto es que el efecto "bella durmiente" de la actividad y el empleo, resuma hoy la mayor preocupación de los argentinos. Las razones hay que buscarlas en la surrealista herencia de los últimos años, sumada a la dudosa sucesión de modificaciones que sufrieron los precios relativos, que en criollo significó un garrotazo al poder adquisitivo de las familias.

La devaluación, el tarifazo, la mítica llegada de las precipitaciones de inversiones, el freno a cero en el gasto público y negociaciones paritarias que avanzan a paso de tortuga, le dieron a la economía su lúgubre impronta actual. Según la CAME y la consultora FyE, la capacidad de compra de las familias experimentó una contracción del 11,5% en junio con relación a igual mes del año anterior, mostrando un ritmo de deterioro superior al observado en mayo y al primer trimestre del año. Los errores no forzados del Gobierno en el cálculo del impacto socioeconómico de algunas decisiones también le sumaron dramatismo al primer semestre. ¿Traslado a precios de la devaluación? ¿Alcance del tarifazo? ¿Falta de comunicación en materia económica? En algunos despachos dicen que se les fue la mano con el efecto "pecho" que había dejado la patriada del ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat-Gay, al levantar el cepo sin dólares en las reservas, sencillamente con la alquimia de habilidad, crédito político, oportunismo, valor y tono glacial pero de dólares, nada.

La gran duda que subsiste es de qué forma se logrará reactivar la actividad económica y cómo podrá garantizarse que esa recuperación operará sin inflación. ¿Servirá el método Prat-Gay? En la traducción, podría pensarse en una fórmula que suele ser bastante gráfica en varias capas de la sociedad y que podría ostentar algo de la respuesta: ¿Quién va a poner la plata?

"Si los desembolsos van a venir de un mix entre endeudamiento en dólares y emisión monetaria seguro que tiene que ser una respuesta de corto plazo, porque van a empezar de nuevo las tensiones", auguran. Si la llave la tienen en la Casa Rosada, blanqueo mediante, hay quienes señalan que ven al Gobierno demasiado ensimismado. "Nosotros queremos que la plata la pongan los argentinos de su bolsillo y los inversores del exterior", dicen.

Sin embargo, para los indolentes espectadores, las fórmulas del Gobierno a las dudas de la sociedad parecen navegar en una especie de "emoticonización" de las respuestas, que, como suele acontecer en con quienes los utilizan en los Whastapp, a la larga siempre resultan poco consistentes: el pulgar hacia arriba, las caritas con guiño, sonrisa, semisonrisa, cuarto de sonrisa, leve gesto de duda, preocupación, mejillas coloradas, pueden decir mucho de los estados de ánimo, pero nada de lo que viene después o, lo que es más importante, de qué se piensa hacer. En esta línea, poco o nada pareció sumar el "timbreo nacional" que puso en marcha el Gobierno el último fin de semana, convencido de que la fórmula de pasar "casa por casa" a escuchar los reclamos, sirve para canalizar la angustia generada por las tarifas.

Claro que el Gobierno es, en la superficie y hacia afuera, todo "pulgar levantado". Algunos referentes del gabinete económico gustan de destacar que esta administración recuperó el crédito internacional, ganó crédito político de las principales naciones del mundo y hasta volvió a peinar los espinosos lazos que unen a la Argentina con el FMI. Además de levantar el cepo y condensar valor para avanzar con el descongelamiento líquido de las tarifas –que el ministro Aranguren drenó a su mínima expresión–, también se cuelgan las cucardas de bajar la presión tributaria y la encarar el plan para reducir el déficit.

Pero de la vereda de enfrente, los quirúrgicos exégetas de la cadena del desánimo (muchos de ellos, antiguos moradores políticos de la tierra del optimismo rabioso, hoy algo amnésicos de pasado reciente), "corren" al Gobierno con lo laxo de la política fiscal, donde el dato es que probablemente el déficit termine subiendo en lugar de bajar. En rigor, el plan A del Gobierno era bajar el déficit en forma marginal este año, pero el escenario ha virado y ahora la pregunta es cómo se terminarán financiando las necesidades del Tesoro. Con el precedente que dejó el ex titular del BCRA Alejandro Vanoli (que en sus ratos de ocio asesora al gobierno de Ecuador), el Gobierno no quiere acudir al Banco Central y para ello, en una figura que nada tiene que envidiarle a la del by-pass gástrico, se autolimitó el financiamiento con la emisión monetaria y probablemente termine golpeando a las puertas del endeudamiento.

Sin embargo, en la City señalan que a los efectos macroeconómicos, es casi como es como "ir de compras" al Banco Central, porque cuando el presidente Macri y los gobernadores se hacen de dólares prestados, se los terminan vendiendo al Banco Central contra la emisión de pesos para financiar los déficits fiscales primarios. Como ya se dijo, estos dólares no se acumulan en las reservas porque se utilizan para pagar deuda.

El otro canal también remite al Banco Central, ya que se trata de pesos que el sector público consigue en el mercado bancario, que termina retirando de las Letras (no renovándole al Banco Central).

En su vaivén, la cotización del dólar –ahora en la zona de los $ 15 pero en $ 16,72 según el contrato de dólar futuro para fines de diciembre–, remite a una incierta conclusión: gran parte de las divisas que saldó el segundo trimestre es el resultado de compras del BCRA al Tesoro, para que Prat-Gay termine financiando su déficit, es decir que pocos dólares parece haber dejado el sector privado en las arcas del BCRA, por lo que sus más de u$s 6000 millones adquiridos resultan ser fruto del endeudamiento más que de la cosecha.

Los que miran al Gobierno lo hacen presuponiendo que por ahora habrá pocas respuestas. De alguna forma, adhieren a la figura del pronóstico "dovish", que usualmente sirve para describir las acciones que ofrece un banco central o gobierno para una economía o mercado, donde generalmente queda implícito que el escenario es complejo. En general, un tono dovish (paloma) anticipa una escasa acción frente a un problema, mientras que el tono hawkish (halcón) implica lo contrario. En el Gobierno rechazan el concepto: paloma que va volando, no dice a dónde ni cuándo.

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