Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Gobernar es prever

OSVALDO R. AGATIELLO Profesor de Economía  Escuela de  Diplomacia de Ginebra

0

Gobernar es poblar’, la fórmula del siglo XIX, actualmente se traduce en ‘Gobernar es prever’, aquí y en la China. Mucho más en la China, donde la planificación es crucial para administrar una complejidad tal. Los miembros del Comité Permanente del Consejo de Estado chino, por ejemplo, tienen que haber gobernado antes un par de provincias que, de ser independientes, figurarían entre las diez primeras economías del mundo.

En la Argentina también se necesita que los mejores exgobernadores formen un pool de recursos calificados por su experiencia ejecutiva para aportarla a la administración central. Además de federalizar la acción de gobierno, así se mitigaría el costo de la improvisación. Prever también es coordinar porque si no el proyecto común resulta ser menos que la suma de las partes y el centro pierde gravitas.

Aristóteles decía que hay muchas maneras de apuntar al blanco pero una sola de dar en el centro.
Es decir, también hay que saber qué pasa donde las cosas funcionan. Supera nuestra imaginación que puedan programarse presupuestos millardarios con un horizonte de medio siglo, como los de la OTAN o el CERN. O que los bancos comerciales otorguen a gente del común préstamos hipotecarios a cuarenta años. O que haya jubilados que elijan alquilar en vez de vivir en casa propia en razón de la regularidad de sus ingresos, sus gastos y la cobertura de salud. Es el gran valor que agregan las instituciones que protegen la paz social, la inversión y el ahorro, como los registros públicos hipotecarios del Ancien régime que eludieron las confiscaciones de la Revolución francesa, las ocupaciones posnapoleónicas y las que siguieron.

Prever es también ver lo que los demás no ven, esa singular capacidad de los líderes que hacen historia encontrándole explicación a lo que los demás apenas perciben como signos ininteligibles. Por ejemplo, en 1910 el hombre más rico del mundo, Andrew Carnegie, envió al expresidente Theodore Roosevelt a las exequias del rey Eduardo VII de Gran Bretaña, el último gran encuentro de la realeza europea cuando todavía ejercía hegemonía global, en un intento de prevenir la guerra en ciernes. Y, después de la guerra, el empresario más rico de Europa, el ministro de relaciones exteriores de la república de Weimar Walther Rathenau cerraba acuerdos profundos con la Unión Soviética de Lenin, que habrían vaciado de virulencia al comunismo, lo que le costó la vida.
Si entonces ya había empresas que se comportaban como naciones y empresarios, como estadistas, hoy en día lo colonizan todo y controlan más del 80% del comercio mundial de bienes y servicios. De las cien primeras unidades económicas del mundo más de la mitad son empresas multinacionales. Y el nuevo secretario de Estado de los Estados Unidos fue hasta hace unas semanas titular de Exxon Mobile, la principal empresa de energía del mundo, equivalente a una economía como la suiza.

Es preciso dar nuevos cimientos a las instituciones de la democracia para que respondan a las necesidades de los que más las necesitan. Porque los efectos de los ajustes estructurales, la carga tributaria y las crisis financieras recaen desmedidamente sobre los que no pueden trasladarlos. Porque quienes menos usan los bienes públicos - energía, seguridad, ferrocarriles, caminos, puentes, puertos, servicios de justicia, aduaneros e inmigratorios, y la lista sigue - son los que más los pagan. Esto es así en gran parte del mundo, pero es mucho peor en países como la Argentina.

Como cuando Alberdi y Sarmiento examinaban los modelos de su tiempo, también hoy es difícil hallar inspiración en otros arreglos constitucionales que respondan a ‘las necesidades del día presente’. Alemania y Japón recurren a una revalorización de sus instituciones y políticas de estado. Pero lo que campea son las medias verdades del oportunismo, como se vio en los cuatro gobiernos de Berlusconi en Italia y ahora con Trump en Estados Unidos. El Reino Unido cree encontrarse con su destino de grandeza en la salida a tontas y a locas de la Unión Europea. Parag Khanna propone adoptar una combinación de democracia directa a la Suiza con la tecnocracia de resultados de Singapur; es decir, mejorar la legitimidad de la representación política tanto como la capacidad de análisis y gestión de la cosa pública (Technocracy in America, 2017). La fatiga que causa la corrupción de la democracia lleva a experimentos de élite.

Cuando Aristóteles distinguió a la justicia como la primera virtud de la vida en sociedad, implícitamente quiso decir que quienes no logran un acuerdo práctico en su concepción de justicia carecen de capacidad para organizarse como comunidades políticas. Para dejar de andar a los tumbos, sería útil preguntarnos ¿cómo es que la tierra de los vikingos, los que saquearon a sangre y fuego tres continentes durante tres siglos, se transformó en el paradigma contemporáneo de la gobernanza ética, el imperio del derecho y la rendición de cuentas? Porque ese es el modelo que nos conviene.

Más notas de tu interés

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar