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Glifosato: una disputa que puede costarle mucho a la Argentina

Aunque a principios de noviembre la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (conocida por su sigla inglesa EFSA) objetó frontalmente el diagnóstico sobre el glifosato emitido por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC en su sigla inglesa), el Comité de Medio Ambiente del Parlamento Europeo ignoró ese dictamen y resolvió pedir a la Comisión de la UE que suspenda el proceso de autorización de la nueva variedad del maíz genéticamente modificado (NK603 x TK625) para uso alimentario y forraje, con tolerancia al glifosato, y cualquier otro evento similar. Las afirmaciones que le refutaron a la IARC son las que había diseminado el sitio de internet de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tales hechos fogonean el manejo del proceso orientado a prohibir la importación de Organismos Genéticamente Modificados (OGM’s) como la soja y el maíz, luego de que el Parlamento desechara la propuesta inicial de Bruselas, fundada en argumentos ajenos a la protección de la salud humana, animal o vegetal. Por si fuera poco, el Comisionado de Salud y Seguridad Alimentaria de la UE reiteró que la Comisión no pensaba archivar la propuesta que le rechazó el Parlamento (ver los antecedentes en columnas anteriores de El Cronista).
El Informe de la EFSA señala que las propiedades y efectos del Glifosato difícilmente puedan originar cáncer en seres humanos, o un agente genotóxico capaz de dañar el DNA, cuando la sustancia se emplea con las dosis y combinaciones recomendadas en el texto. El dictamen surgió de un nuevo Análisis de Riesgo elaborado y aprobado por el voto casi unánime de los especialistas de esa Agencia y por un científico de cada uno de los 28 Estados Miembros, de manera que ignorar la representatividad o el valor de las opiniones ahí vertidas debería requerir algo más que audacia o ingenio político.
La IARC había sostenido que el glifosato podría generar cáncer, afirmación que el fundamentalismo verde difundió con gran amplitud. El influyente Environmental Working Group (EWG), con sede en Washington DC, se hizo eco de esa advertencia y lanzó numerosos alertas en ámbitos donde se definen las reglas de protección a la salud humana y del medio ambiente. El gran público tiende a asociar el glifosato con su papel en plaguicidas de uso masivo como el Round-Up de Monsanto, comúnmente utilizados para desmalezar cultivos como la soja o el maíz.
Al redactarse la presente nota (mediados de noviembre), las naciones exportadoras directamente afectadas por esta inusual controversia científico-política sobre los OGM’s, entre ellas Estados Unidos, Canadá, Brasil, Uruguay, Paraguay, la Argentina y Oceanía, no habían anticipado cómo reaccionarán de aquí en más ante el sistemático ninguneo del papel de la ciencia en el comercio agrícola. ¿Se trata de un ataque colectivo de indolencia o resignación?
Como es costumbre, el informe de la EFSA es sólo un insumo del proceso que tiene en marcha la Unión Europea para determinar el futuro del glifosato como sustancia permitida. Es obvio que tanto el Euro-Parlamento como la Comisión tienden a privilegiar los argumentos políticos y a mirar con indiferencia los fundamentos científicos. Si bien Europa perdió todas las disputas legales sobre maltrato a las reglas sanitarias y fitosanitarias que se vio obligada a dirimir en la OMC, Estados Unidos y Argentina sólo obtuvieron contundentes victorias legales de naturaleza pírrica. Para la actual dirigencia europea vale más la fuerza electoral de los sectores beneficiados por el proteccionismo regulatorio (menos del 3% de la Población Económicamente Activa), y de los sacerdotes o lobistas del fundamentalismo verde, que el genuino respeto a la ley internacional. El Presidente de la Comisión de la UE, Jean-Claude Juncker, dijo de entrada, con irresponsable desparpajo, que el ninguneo a la ciencia sólo expresa la necesidad de reconocer, en ‘forma democrática’, las preferencias de los votantes comunitarios.
Quizás sea tonto decirlo, pero olvidar que una porción sustantiva de las exportaciones agrícolas del Hemisferio Occidental y Oceanía, en especial de la Argentina, dependen de que se aplique con inteligencia y oportunidad la obligación de respetar las evidencias científicas, no debería dar pereza, temor o vergüenza. Debería serun reflejo de Estado.