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Gils Carbó y el Gobierno: de la renuncia obligada a una tregua impensada

Gils Carbó y el Gobierno: de la renuncia obligada a una tregua impensada

El escenario era impensado el 10 de diciembre, cuando Mauricio Macri asumía la Presidencia. Alejandra Gils Carbó parecía destinada a armar las valijas y marcharse del Ministerio Público Fiscal, por las buenas mediante una renuncia, o por las malas a través de un decreto que la obligara a dejar el cargo. Emparentada con el kirchnerismo desde que asumió a mediados de 2012, la Procuradora fue el blanco de ataque inicial del nuevo jefe de Estado. "Si tienen dignidad, se tienen que ir", había dicho Macri sobre ella, Alejandro Vanoli y Oscar Parrilli. El ex titular del Banco Central dio un paso al costado, el ex jefe de la Secretaría de Inteligencia también y hasta el rebelde Martín Sabbatella tuvo que abandonar casi por la fuerza la dirección de la Afsca. Gils Carbó, sin embargo, sobrevivió, en parte a raíz de ese cambio de clima y de la relación cordial que fue forjando con ministros clave como el de Justicia, Germán Garavano, y la de Seguridad, Patricia Bullrich.

Ayer, la jefa de los fiscales se reunió por segunda vez en dos meses con Garavano y dialogaron sobre temas de agenda común, sobre todo vinculados al combate del narcotráfico. Durante el verano se repitieron encuentros entre funcionarios de segunda línea de ambos ministerios. En paralelo, Gils Carbó tuvo otros dos encuentros con Bullrich y la semana que viene tendrá el tercero, también, planeando trabajos conjuntos. Otra señal positiva para la jefa de los fiscales es que en enero el Ejecutivo le giró $ 289 millones.

Esa relación de cierto idilio dista muchísimo con el sentimiento de rechazo que persiste entre ambos sectores. En el macrismo no olvidan que Gils Carbó avaló la mayor parte de las iniciativas del kirchnerismo durante tres años desde la agrupación Justicia Legítima. A la Procuradora tampoco se le escapa que la entonces oposición que hoy es Gobierno fue la que clamó reiteradas veces por la apertura de un juicio político en su contra.

En esa especie de guerra fría la artillería fue mutua. El Ejecutivo decidió quitarle a la Procuración un área estratégica como la que tiene bajo su órbita las escuchas judiciales, el denominado Dicom, que desde el 15 de febrero pasará a depender de la Corte Suprema, y frenó la implementación del nuevo Código Procesal Penal. Gils Carbó también debió poner buena cara cuando Bullrich le pidió que el fiscal José María Campagnoli -a quien la Procuradora llevó a juicio- deje su puesto y se haga cargo de un área ejecutiva creada especialmente para la búsqueda de prófugos. Pero también respondió Gils Carbó, que a través de su alfil Carlos Gonella, titular de la Procelac, gestó una denuncia contra Macri por irregularidades en su patrimonio, que tramita el fiscal de instrucción Sandro Abraldes, de Justicia Legítima.

Pero los dardos cruzados se resisten, según afirman fuentes del sector. Gils Carbó, desde antes de las elecciones de octubre, viene desligándose de su rótula de kirchnerista. Primero fue a través de acercamientos con Scioli y luego, aun con pensamientos antagónicos, con gestos como los citados. Su intención es continuar en la Procuración y elaborar un plan a largo plazo. La Constitución avala a la mujer de 57 años: su cargo es hasta los 75, a menos que sea desplazada a través de un juicio político o que renuncie.

En el macrismo, pese a evaluar nombres para un reemplazo como los fiscales Germán Moldes o Raúl Pleé, saben que no pueden repetir el error de querer poner o sacar por decreto a un funcionario. Las candidaturas de Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti para cubrir las vacantes en la Corte lo ratifican. Si bien no fue oficializado serán nombrados por el Senado y no en comisión. El antecedente es clave para que Gils Carbó integre, al menos por ahora, la lista de funcionarios afines al kirchnerismo que siguen en pie.