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Garrotenomics o cómo ‘homogeneizar’ a los díscolos en tiempos de recesión económica

Garrotenomics o cómo ‘homogeneizar’ a los díscolos en tiempos de recesión económica

Las primeras semanas del año fueron fieles a la tradición argenta y llegaron con novedades de corte económico: a la salida de Alfonso Prat Gay le sucedió la del titular del Banco Nación Carlos Melconian. Sin demasiada información al respecto, los analistas debieron conformarse con enumerar las discrepancias que hiciera públicas el propio Melconian con respecto al modelo económico y, por otro lado, los cortocircuitos del economista con el ascendente tridente Peña-Quintana-Lopetegui, transformados -ahora sí- en la santísima trinidad que define el destino de la economía.

Es cierto que la llegada de Dujovne al frente de la cartera de Hacienda asestó un golpe anímico importante en el equipo de "Melco" y que el papel histórico del economista racinguista como el principal asesor de Macri en la campaña le dio mayor relevancia a la decisión que la que usualmente se destina al presidente de una entidad financiera. A eso también habrá que sumarle la supuesta buena sintonía con los sindicatos y los recortes de puestos de trabajo que nunca llegaron.

Sin embargo, existe otro motivo que también profundizó la "brecha" entre la conducción del Banco Nación y la jefatura de Gabinete. Incluso este argumento tomó mayor exposición con la salida de Daniel Chaín de la secretaría de Obras Públicas y la llegada de Javier González Fraga al frente del Banco Nación.


Ocurre que a lo largo de los últimos meses -pero con mayor énfasis en el mes de diciembre-las cuentas públicas del Tesoro necesitaron de una "pequeña" ayuda extra por parte de las entidades "amigas". El Banco Nación fue de la partida tanto como la Anses. En rigor, la Anses le "alquiló" títulos al Banco Nación y éste debió girarles una importante suma. A fin de año, el ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas dispuso la emisión de una Letra del Tesoro en pesos por un monto nominal de $ 60.000 millones, a un año de plazo que fue suscripta por la Anses con dinero del Banco Nación; y otra en dólares por u$s 4.685.888 a 177 días de plazo, que suscribió el Fondo Argentino de Hidrocarburos.

Esta gestión generó resistencia dentro del banco y en algunos casos, largas reuniones donde algunos funcionarios presentaron sus objeciones a esos pedidos. Algo parecido tuvo lugar en el frío y angelado universo de la obra pública. Cómo será que hasta Chaín, el ex secretario de esa cartera, ni siquiera mereció un reemplazo ante el temor que otro funcionario vuelva a caer en el ¿error? de la discrepancia y, parece, Frigerio será el encargado de trabajar junto con los dos subsecretarios, Jorge Sábato (Obras Públicas) y Pablo Bericiartúa (Recursos Hídricos).

Como pasó con Melconian, la salida de Chaín se aceleró producto de la lentitud en la gestión por el temor a quedar involucrados en las sospechas de corrupción que sobrevuelan cada contrato de infraestructura -motivado en gran medida porque, con alguna excepción, los proveedores que se presentan en las licitaciones son los mismos que en la etapa kirchnerista- y la negativa de varios funcionarios que respondían a su gestión que se mostraban algo díscolos a la hora de rubricar esos trámites.

La llegada de González Fraga a la conducción del Banco Nación no hizo más que confirmar la tendencia vigente.

El economista se ha mostrado como un férreo defensor del modelo macrista e incluso es hombre de consulta del propio presidente. Esto ayuda a pensar lo que viene: Fraga suele ser tildado de "gradualista" y de mantener diferencias con respecto a Sturzenegger, ya que considera que debería bajar las tasas de interés para facilitar el financiamiento de las empresas y así darle mayor impulso a la actividad económica.

Precisamente esta posición que algunos podrían considerar "keynesiana" es la que guarda uno de los misterios del porvenir: por un lado, Fraga estará al frente de la principal mesa de operaciones de la City, lo que terminará imprimiéndole un ritmo propio a la evolución del tipo de cambio que, según ha sostenido en las últimas semanas, está "atrasado".

Pero por otro, y quizás en lo que se alza como uno de los argumentos centrales, el Banco Nación sigue siendo una de las principales cajas del Gobierno, con bajas limitaciones presupuestarias y amplios márgenes de acción, todo un valor para el Gobierno en época electoral.

Con todo, el recambio de los funcionarios que forman parte del equipo económico ampliado parece magro e insuficiente para el estado de cosas que presenta la economía. El último miércoles el Indec dio a conocer los registros laborales del tercer trimestre de 2016 donde se registra 127.905 puestos de trabajo menos en el sector privado, lo que significa una merma en el empleo en blanco de 1,9% desde que asumiera el presidente Mauricio Macri. Relacionado con esto, la caída en el nivel de actividad durante el 2016 provocó que durante el periodo julio-septiembre se contabilizaran 0,7% empresas menos que igual periodo de 2015. Los datos del Índice Construya del mes de diciembre evidenciaron una merma interanual de 12,6%, si bien analizando la medición desestacionalizada, la actividad de la construcción mejoró un 6,3%.

La inflación sigue siendo un hueso duro de roer.

Tanto el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) como también el Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor (IPIB) y el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP), han registrado una suba de 0,8% en el mes de diciembre. Por lo tanto, esos indicadores clausuraron el 2016 con aumentos de 33%, 34% y 34,5% respectivamente. El dato que alertó a los analistas es que las expectativas inflacionarias publicadas por la Universidad Di Tella esta semana registran que la mediana de la expectativa inflacionaria para los próximos doce meses se ubicó en 25%, por lo que respecto a diciembre no presenta variación alguna. No obstante, el promedio registró un ligero aumento de 0,3 puntos porcentuales hacia 29,2% contraponiéndose con la meta inflacionaria establecida por el Banco Central para el 2017: 17%.

Mientras tanto, en el Banco Central, cruzan los dedos.

Con Lucas Llach al frente de la entidad -Sturzenegger estuvo en Davos y se dejó ver con un gorro de lana rojo con pompón incorporado- el último martes la entidad decidió mantener sin cambios su tasa de pases en 24,75%. El propio Sturzenegger hizo pública su intención de reducir en 150 puntos básicos esa franja con el objetivo de contagiar al mercado su visión de que el futuro es sin inflación o, al menos, con menos de la que se tuvo en 2016.

En este sentido, enero no traería buenas noticias.

Según un relevamiento en consultoras privadas, el primer mes del año se situaría entre 1,7% y 1,8%, claramente por encima del objetivo del Banco Central del 1,5% mensual. Eso sí: el dato diferenciador es que esta marca se constituirá por debajo por debajo de la suba de precios experimentada en los últimos eneros, cuando rondaba el 2% o superior.

Con el Gobierno buscando un envión electoral, el dato de inflación promete poner a prueba el poder de negociación de la Casa Rosada, visiblemente abocada a convencer a los sindicatos de las bondades del modelo que promueve subas en paritarias del orden del 18% con cláusula gatillo para sentarse nuevamente en caso que la inflación se dispare.

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