Fin de la hegemonía K, con un escenario abierto

Si se repitieran los resultados de ayer en la elección del 25 de octubre, la Argentina elegiría por primera vez un presidente en ballottage. Los analistas de opinión anticipan un escenario extremadamente parejo para el caso de llegar a esa instancia. La incógnita, sin embargo, no ha podido ser despejada.

Aunque con diferente grado de expectativas, los tres principales candidatos -Scioli, Macri y Massa- mantienen su competitividad para la elección general. Como insinuaban las mediciones de la última semana, no hubo polarización entre las dos primeras fuerzas.

Estos dos datos diferencian las internas de ayer de las PASO de 2011, que abrieron la puerta a la reelección de la presidenta Cristina Kirchner, y aunque no vuelquen el escenario, inauguran por sí mismos un nuevo ciclo. De acuerdo con las tendencias al cierre de este texto, el candidato del oficialismo, si bien volvió a alcanzar el primer lugar, perdió alrededor de 10 puntos respecto de los resultados de aquella elección. Fin de aquel hegemonismo de una década y paciente construcción de un nuevo liderazgo en el peronismo, la principal fuerza política del país.

El resultado de la elección puede dar lugar a distintas interpretaciones según cómo se proyecten y eventualmente reasignen votos hacia octubre. En función de las expectativas previas, puede decirse que Sergio Massa es el candidato que más cerca estuvo de cumplirlas. Massa parecía acabado hace apenas 100 días, (80 separan la elección de ayer de la de octubre), cuando su candidato en la Ciudad, Guillermo Nielsen, ni siquiera pudo superar la ronda de internas. Felipe Solá, su inesperada decisión en la Provincia, resultó en cambio una ficha muy competitiva. Massa puede mostrar que, con la suma aritmética de los votos de De la Sota, el segundo lugar en octubre está abierto. Resiliencia: una palabra de época que se ajusta al comportamiento de Sergio Massa.

Mauricio Macri vino reduciendo su nivel de expectativas en el último mes, acaso anticipando el escenario que se presentó ayer. El PRO trabajó en los últimos años en la construcción de una alternativa dirigida al cambio que atenuó (la construcción, la alternativa y el cambio) en estos meses previos a la elección. El estrecho triunfo de Horacio Rodríguez Larreta en el ballottage en la Ciudad lo desconcertó y lo llevó desde la ambición de polarizar con el peronismo a conservar una distancia de no más de 10 puntos para llegar con chances a octubre. Nada despejará las dudas sobre ciertas inconsistencias del discurso del PRO en las últimas semanas: en una entrevista, Macri cometió incluso la impudencia de afirmar que un triunfo en las primarias era imposible. María Eugenia Vidal sigue su propio impulso: la buena apuesta del PRO en la provincia anoche ya empezó su campaña para octubre en Costa Salguero hablándoles a los votantes.

Daniel Scioli ha visto en las últimas semanas que un triunfo en primera vuelta es una empresa siempre difícil. El particular sistema electoral en la Argentina favorece a la primera minoría y fue pensado según los registros históricos del voto peronista. Pero ni siquiera eso le garantiza a Scioli evitar el ballottage. La elección de ayer pone a Scioli algo detrás del 40%, la cifra esperada, pero le asegura el triunfo sobre las fórmulas de Macri y de Massa. Sin embargo las PASO no consolidan la consigna de que Scioli ya ganó, como esperaba el kirchnerismo el día de su designación.

Si algo no podrá celebrar Scioli en la intimidad de La Ñata es el amplio triunfo de Aníbal Fernández sobre Julián Domínguez en la interna de la provincia de Buenos Aires. Scioli reconoció en la última semana en diálogos privados que Aníbal será una mochila que tendrá que cargar camino a octubre a raíz de las recientes denuncias sobre sus familiaridades con el crimen y la droga. Considerando los votos que cosechó ayer Aníbal, llegar a octubre sería lo de menos: la mochila podría tener que ser cargada durante todo el mandato.

El episodio de la denuncia contra Aníbal F., cualquiera sea el destino que corra en la justicia, ha tenido la curiosa virtud de develar dónde anidará el kirchnerismo durante el próximo ciclo. El respaldo explícito de la Presidenta a su jefe de gabinete, reafirmado ayer durante un diálogo con un grupo de periodistas en Río Gallegos después de emitir su voto, descubrió que la Provincia será su primera línea de reserva. Tanto para el caso de un revés electoral como en el de un triunfo de Scioli.

Entre las continuas paradojas que presenta, en el peronismo el poder está organizado de manera institucional. A pesar de su tradicional desdén por las instituciones, el liderazgo lo ejerce el Presidente de la Nación. Scioli no tendría por qué ser una excepción si llegara a ese sitial. La imaginación kirchnerista, sin embargo, podría llevar a hacer creer que Aníbal sería en la Provincia lo que Zannini en el Congreso. Un tuit asilado y lúcido lo puso anoche de la siguiente manera: Scioli corrió todos estos años el riesgo de que el kirchnerismo le incendiara la Provincia. Ahora podría correr con el albur de que desde la Provincia le incendien la Nación.

El peronismo confirmó anoche que su poder electoral en la Provincia de Buenos Aires es inconmovible. Con diferente piel, ha venido imponiéndose en el principal distrito del país ininterrumpidamente desde 1987 (y esto también incluye la victoria de Massa en 2013). La crisis de comienzo de siglo ha llevado esa misma convicción a todo el territorio. Aun cuando 6 de cada 10 argentinos, como ayer, voten casi siempre en su contra.

Los motivos del voto merecerían otro texto. Los analistas estiman que la economía determina dos tercios de las razones del votante en cualquier elección. Según Poliarquía, aunque aún siguen siendo más quienes la reprueban, la política económica viene recuperando mes a mes desde comienzos de año los niveles de aprobación. Según se quiera ver, el año no ha terminado aún.

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