Fifagate: el rebaño de la corrupción

El 27 de mayo de 2015 es un hito en la causa por sobornos que se investiga ante la Justicia de Nueva York y se conoce como FIFAgate. Ese día, en el lujoso hotel Baur au Lac de Zúrich, en un operativo secreto del FBI fueron detenidos siete máximos dirigentes de la FIFA acusados de fraude, lavado de dinero y crimen organizado.

Alejandro Burzaco, exCeo de la empresa Torneos y Competencias logró huir hacia Bolzano (Italia), donde semanas después acordaría entregarse y colaborar con la Justicia de EE.UU. a cambio de una reducción de la pena.

La semana pasada, al ser interrogado por el fiscal Samuel Nitze, declaró que le pagaba u$s 600.000 anuales a Julio H. Grondona (ex vicepresidente de la FIFA) y agregó: "A los pocos años la suma pasó a un millón de dólares, lo mismo que percibía Nicolás Leoz (ex presidente de la Conmebol), y a partir de 2012 hasta su muerte, un 1,2 millón de dólares".

Interrogado sobre el significado de la palabra coima (según la RAE: "dádiva con que se soborna"), Burzaco se explayó: "Por soborno (bribe en inglés), entiendo el acto de pagar a alguien, pagando dinero, en este caso oficiales de fútbol, a cambio de que ellos firmen contratos. Nuevos contratos, renovarlos, extenderlos, a veces sin romperlos. Evitando competidores, a veces de buena fe y fuertes competidores, y otras veces corruptos competidores". Esa palabra fue utilizada cientos de veces durante tres días de declaraciones ante la Corte Federal de Brooklyn.

Los brasileños Ricardo Texeira y José María Marín, ex presidentes de la Federación Brasileña de Fútbol, Rómer Osuna, de Bolivia, ex tesorero de la Conmebol, los argentinos Eduardo Deluca y José Luis Meiszner, ambos ex secretarios del ente mayor del fútbol sudamericano, el uruguayo Eugenio Figueredo y el paraguayo Juan Ángel Napout, ex presidentes de la Conmebol, Manuel Burga, ex titular de la Federación peruana, son algunos de los denunciados por Burzaco de cobrar sobornos para favorecer a su empresa y a otras cadenas de TV, a cambio de la cesión de los derechos de televisación de los torneos más relevantes.

Según el empresario, tras presenciar el funeral de Grondona en Buenos Aires, los máximos dirigentes de la Conmebol se reunieron de urgencia para acordar quién lo reemplazaría a la hora de repartir el dinero. Este proceso judicial a igual que otros de gran impacto en lo que corre del siglo XXI, tiene un inicio en las crónicas periodísticas. Andrew Jennings, periodista escocés (1943), cuya investigación de décadas sirvió de base para el FBI, en su libro FIFA: La caída del imperio pone el foco en el brasileño Joao Havelange, quien presidió en la entidad del fútbol mundial durante 24 años (1974-1998): "Havelange gozó de un privilegio extraordinario, casi increíble. Los cheques que firmaba no debían contener una firma adicional. Tenía la facultad exclusiva de hacer cheques a sus amigos, a la gente que necesita sobornar y a él mismo. Luego le entregó este privilegio secreto a Blatter".

Havelange junto a su ex yerno, Ricardo Teixeira según una investigación interna de la FIFA, cobraron 23 millones de dólares de sobornos entre 1992 y 1997 por derechos de TV y marketing de los mundiales. Sin embargo, no fueron sancionados al decir del propio Blatter, porque por entonces esos pagos podían descontarse como gastos de las empresas e incluso de los impuestos y no configuraban un delito según la ley vigente.

El periodista alemán Thomas Kistner (1958) en su obra Fifa-Mafia se pregunta: "¿Cuán corrupta es una federación cuyo presidente honorario (Joao Havelange), la dirigió durante 24 años y en 2013 dimitió de su cargo antes de que lo destituyeran?". En Argentina, donde el FIFAgate luce sin avances como investigación autónoma, el fiscal federal Gerardo Pollicita acaba de dar un dictamen donde le pide al juez Daniel Rafecas la citación a declaración indagatoria, inhibición de bienes y prohibición de salida del país de los ex jefes de Gabinete del anterior gobierno, por supuestos sobornos para adquirir derechos de TV a miembros de la Conmebol, para luego venderlos al Estado nacional a precios irrisorios. Según publicó El Cronista la maniobra era llevada adelante en el marco de las contrataciones entre funcionarios del Estado Nacional y la empresa Torneos y Competencias S.A. para ocho torneos entre 2011 y 2013 por un total de 33.050.000 dólares que el Estado Nacional fue abusivamente obligado a pagar. La corrupción no es un flagelo novedoso, dado que aparece en otros ciclos de la historia universal, incluyendo al todo poderoso imperio romano (desde el 27 a.C. h. 1453 d. C.-caida de Constantinopla). La FIFA durante los últimos 43 años ha forjado el rebaño para vender sus favores millonarios a unos pocos que todavía hoy siguen enriqueciéndose.

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