Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

¿Falta de tacto político o ajustes brutales?

¿Había que cambiar?, Sí o, ¿habría que volver atrás?, No. Pero entonces, ¿cuál es el cambio y cuál la ecuación de los expertos del gobierno de Cambiemos, cuando la gente con salarios viejos e inequitativos, debe afrontar ‘de una’, ajustes brutales (Elisa Carrió-30/4/16) en materia de tarifas, incluso por servicios esenciales que no recibe (regular ni confiablemente), como ecuánime y justa contraprestación de un elemental contrato social?
¿Cuál es el cambio en materia de inflación si en el primer cuatrimestre pasado, ya rozamos el 25% de la misma y con una proyección que espanta?
¿Cuál es el cambio cuando, desplomándose el valor del petróleo en el mundo, aquí sólo en 2016, los CEO de esta administración, ya incrementaron el valor de los combustibles (¡nada se mueve sin ellos!) hasta en un 31%?
¿Cuál es el cambio cuando, salvo con la soja, se eliminaron ‘de una’, inoportuna e inequitativamente, las retenciones agrarias y mineras?
¿Cuál es el cambio cuando aún no se gravó contundentemente la renta financiera, turística e inmobiliaria ni nada de lo que es pura intermediación, trivialidad y frivolidad, en un contraejemplo devastador?
¿Cuál es el cambio y cuál la ecuanimidad, cuando los médicos, enfermeros, docentes y trabajadores rurales, profesores universitarios, empleadas domésticas, etc., salarialmente aún no reciben ‘en bolsillo’, una justa remuneración que asegure lo que su dignidad, entrega y profesionalidad merecen y necesitan vitalmente?
¿Cuál es el cambio cuando se sube el mínimo no imponible a haberes de hasta $ 30.000 (sólo alcanzaría a un 25% del campo laboral), en tanto sindical, empresarial, política y periodísticamente, nada se hace ni se comunica por el 75% restante de dicho campo laboral, el que si apenas percibe mensualmente, una suma de hasta $ 15.000 de bolsillo y, mucho menos?
¿Cuál es el cambio si la tasa de pobreza registró un aumento de cinco puntos hasta llegar al 34,5% en el primer trimestre de 2016, cuando a fines de 2015 era del 29%, por lo que 13 millones de argentinos afrontan esa condición, informó el indubitable Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA)?
¿Cuál es el cambio cuando al asumir este gobierno los alimentos y medicamentos de primera necesidad, aumentaron desproporcionada, injustificada, escandalosa e impunemente?
¿Cuál es el cambio para con estas empresas y laboratorios ¿intocables? e insensibles, cuando los productores y consumidores ya son víctimas crónicas, estructurales y terminales de semejantes procesos inmorales e inequitativos de intermediación parasitaria rampante?
¿Cuál es el cambio si la gélida eficiencia de este gobierno seria ¡una vez más! a costa de la frustración, de un mayor sacrificio y de más privaciones para personas humanas dignas, honestas y trabajadoras?
Así podríamos proseguir pero ya es más que suficiente para que, sin resentimientos ni insidias, como nobles y cabales ciudadanos, nos preguntemos: ¿Falló el tacto político o prevalecieron los ortodoxos ultraconservadores en la interna del propio gobierno Cambiemos?
A propósito de esos ajustes procustos y sobre la interna de Cambiemos, son valientes, claras y elocuentes las palabras de Carrió, publicadas el mismo 30 de marzo pasado: "Hice todo para frenarlo, y no pude".
Quizá este gobierno democrático nacional recibió (más que ningún otro), un país demasiado complicado interna y externamente pero, con ajustes tan brutales, sin sensibilidad, ni secuencialidad e indolentemente, hizo oídos sordos a la razonabilidad y a un sabio ‘timing’ político, así como temeraria e imprudentemente, a los propios límites del termómetro de una angustiante e inquietante realidad social.
Conclusivamente, semejante sincericidio tarifario podría resultar indigerible por un pueblo sufriente con su paciencia exhausta, paradójicamente, mucho del cual desde todo padecimiento pero harto con los chamuyos y efectos de viejas politiquerías, apostó a Cambiemos. Obviamente, estos votantes, atónitamente hoy, en su desconcierto y perplejidad, no pueden entender conformar el conjunto de los más exigidos y perjudicados.
Sea ausencia de timing o mala praxis, sea falta de tacto o ajustes brutales, eso tiene un costo político que inexorablemente se paga y, sobre esto último, nunca se sabe ni el cómo ni el cuándo.
Finalmente, la editorial del retrato con el rostro adusto del Papa Francisco en su último encuentro con el presidente Macri... ¿fue profecía o foto, no más?