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Estanflación, freno al empleo y el auxilio a pymes en crisis

JULIÁN DE DIEGO

JULIÁN DE DIEGO Profesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA

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Estanflación, freno al empleo y el auxilio a pymes en crisis

El nivel de desempleo está moviéndose lenta pero inexorablemente para superar el 10%, en donde veinte millones de personas viven de subsidios, jubilaciones, pensiones y planes sociales, frente a otras catorce millones de personas que trabajan, de las cuales el 40% se encuentra no registrada y opera en la economía clandestina.

En los informes de las consultoras relevantes y en el Informe de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) todo indica que estamos batiendo récords de pobreza, de niños bajo alimentación por medio de comedores, de los que están en edad escolar y han perdido la educación digital, con un incremento exponencial de personas bajo algún mecanismo asistencial.

El segundo semestre será dramático para toda la sociedad, no habrá ganadores, si la recesión se profundiza.

Cada semana aparece de la nada un nuevo cisne negro, que en teoría son fenómenos imprevisibles y de baja probabilidad de ocurrencia, que tienen efectos disruptivos, provocan daños irreparables, y cambian completamente cualquier pronóstico.

Estos acontecimientos, como son la nueva guerra comercial entre los Estados Unidos y China, el proteccionismo de Donald Trump, el aumento de la tasa de interés, la interpretación de los actos de gobierno a la luz de los inversores golondrina, y la búsqueda de las mejores oportunidades globales, nos han colocado en el último lugar en donde invertir.

El reconocimiento de los mismos funcionarios del Gobierno Nacional en el sentido de que la Argentina no es confiable, termina desechando a nuestro país como opción aún en un país de riesgo, con vecinos que tienen menor costo laboral, menores impuestos, incentivos para invertir, reglas más claras, y en muchos casos algo que nosotros no podremos recuperar: los pésimos precedentes en donde en reiteradas oportunidades no hemos honrado nuestras deudas.

Las deudas se transforman en impagables, y por ende, en el precedente inmediato del próximo default, si no somos capaces de retomar el camino de la inversión productiva y el crecimiento sustentable y sostenible en base a un marco competitivo y con estándares globales.

En la realidad de hoy, se suman todos los males, y todavía no sentimos en forma efectiva la pérdida sistemática de puestos de trabajo que sucede a un proceso de caída de la economía dentro del contexto de un congelamiento que ya es ultra-recesión.

A su vez, las nuevas tecnologías son comodities y el factor diferencial son los recursos humanos.

Son las piezas claves de nuestras organizaciones, el componente esencial del éxito, y con lo que nos podemos competir con éxito en el mercado. Los trabajadores a todo nivel son el capital humano y una de las inversiones más relevantes de cada empresa o emprendimiento tanto en el plano económico como en el ético.

Las empresas deberán proteger sin dudas lo que tiene mayor valor en las organizaciones, sus colaboradores, y deberán extremar las medidas en todos los ámbitos en donde deban adecuarse para los difíciles tiempos que se avecinan.

Innovar, reinventarse, recrear la producción de bienes o servicios, tomar medidas extremas, hoy son acciones que adquieren sentido, cuando el desafío es sobrevivir en condiciones razonables para enfrentar luego una nueva etapa con nuevos desafíos. La transformación y transformarse es sin dudas un deber de quienes conducen las organizaciones de tipo permanente.

El Estado está tomando algunas iniciativas que pueden ser consideradas positivas, como el otorgamiento de líneas de crédito blandos. Deberían agregarse medidas que faciliten el pago de aportes y contribuciones e impuestos, que tienen un sistema implacable de recaudación, ejecución y embargos que no permiten oxigenar la caída de las ventas, y las escasas o nulas reservas que suelen carecer las pymes.

A su vez, la búsqueda de las inversiones y del crecimiento requiere de incentivos y de alicientes, frente a la desconfianza general interna y externa.

Hasta la fe necesita motivación y, de hecho, no existe esa motivación. No la hay en el marco de las distorsiones inexplicables que todos los días experimenta el mercado y, sobre todo, si se anuncian medidas y acciones que no se cumplen en forma ostensible.

Ser, hacer y parecer son vitales para el futuro inmediato, y las medidas que resultan necesarias son urgentes, antes de que las tendencias negativas sean irreversibles para la política, para la economía, para la reelección.

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