Erradicando estereotipos negativos en la publicidad

Nuestro contexto ya no es el mismo. Los cambios sociales que vienen de la mano de las nuevas generaciones han redefinido significados, roles y representaciones. El cambio es reciente y la publicidad no es ajena a las nuevas demandas de la sociedad.

En este sentido, uno de los aspectos que está en el centro del debate es el uso de estereotipos en los avisos publicitarios, no sólo de género, sino también de edad, nacionalidad, religión o nivel socioeconómico.

Por definición, los estereotipos no son buenos ni malos; en publicidad es común utilizarlos para caracterizar personajes y facilitar la llegada de los mensajes a un público determinado. Ahora bien, es preciso que las empresas tomen todos los recaudos posibles para crear avisos que no supongan ningún tipo de discriminación, burla, ofensa o estigmatización. Si se toman modelos de referencia éstos no deben ser excluyentes.

Frente a “verdades socialmente aceptadas, podemos preguntarnos: ¿El público se siente identificado con los anuncios publicitarios? ¿Los mensajes representan roles modernos o anticuados? ¿Promueven expectativas reales? ¿Las preocupaciones domésticas son sólo de mujeres? ¿Los autos son cosa de hombres? ¿Todas las niñas quieren ser princesas?

El consumidor ya no se siente cómodo con publicidades que no lo representan.

Muchas empresas entienden esto y están incluyendo como base de sus estrategias de marketing al contexto y lo que le sucede a la gente.

El desafío esta en crear publicidades responsables, inclusivas y progresistas, que logren sus objetivos comerciales sin promover hábitos culturales negativos. La clave está en escuchar a este nuevo consumidor y reflejar aspectos de la realidad sin distorsionar.

Cada marca definirá el tono de su comunicación de acuerdo con sus propias necesidades y las características de su público. Evitar estereotipos dañinos en la publicidad hará que las publicidades sean más creíbles y relevantes. Para las compañías no es sólo una cuestión ética, es también una cuestión de negocios. Es cuidar a su público, es cuidar su imagen y reputación.

La transparencia, la honestidad y el respeto son valores irrevocables. Las empresas necesitan mostrarse auténticas, cumplir con lo que prometen y representar a quienes les hablan. Las consecuencias de no hacerlo se verán en el tiempo y la audiencia ya no acepta dobles mensajes, falsedades ni publicidades desconectadas de la realidad.

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