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En equipo con los varones

El día de la mujer me parece una buena ocasión para reflexionar sobre cómo avanzamos construyendo una sociedad mejor, en equipo las mujeres con los varones. Si no construimos juntos, no lograremos hacerlo bien.
Afortunadamente, somos diferentes de los hombres, y creo que para avanzar debemos superar el planteo dicotómico mujer/varón.

No se trata de una competencia entre unas y otros, sino en saber encontrar el equilibrio de aportarle a la sociedad cada uno su riqueza y complementarnos, formando un mismo equipo.

Debemos afianzar y llevar bien alto el concepto de igualdad en derechos, en dignidad, en acceso a todos los ámbitos sociales, pero esta bandera de igualdad no debe llevarnos a anular todas aquellas cualidades que nos diferencian, sino potenciarlas.

Las mujeres, cuando ponemos en juego lo femenino, le aportamos a la sociedad una enorme riqueza; en la vida pública, en las empresas, en los ámbitos académicos y también en el corazón de nuestras familias. Debemos ser más conscientes nosotras mismas de esta riqueza y hacerla valorar más en la sociedad.

Hoy la mujer es protagonista, pero existen aún muchos ámbitos en donde sufre una mayor vulnerabilidad, y allí es urgente una asistencia focalizada.

Para estos casos debemos procurar políticas públicas que las asistan en las situaciones difíciles. Cada vez más, nos encontramos con muchas mujeres cabeza de familia que deben soportar solas la crianza y mantenimiento de una familia, lo que en muchos casos arrastra a la pobreza y la marginalidad.

Debemos ser firmes en condenar y erradicar la violencia de género, principalmente la que se da en ámbitos intrafamiliares, pues es ahí donde la privacidad doméstica deja más indefensas a las mujeres. Este tipo de violencia destruye a su vez a la familia, que es el ámbito donde deben formarse las futuras generaciones, por lo que el daño es doble.

Otro flagelo es la trata de personas, situación que afecta en particular a las mujeres, para introducirlas en un mercado de prostitución y denigración que no puede permitirse.

Debemos, desde las políticas públicas, ser implacables con estos asuntos degradantes de la dignidad humana, y en particular de la dignidad de las mujeres.

También debemos poner el acento en los aspectos culturales, particularmente en los casos en donde la mujer es tratada como objeto, y no es respetada como es debido.

Creo que todo esto va a mejorar en la medida en que trabajemos en equipo con los varones, poniendo cada uno lo mejor de sí.

La sociedad está necesitada de ello, y debemos descubrir ese enorme potencial diferencial que tenemos. No debemos convertirnos en ‘mujeres disfrazadas de hombres’. Debemos llevar todo nuestro ‘ser mujer’ a todos los espacios de la vida laboral y social.

La exclusión de la mujer de los ámbitos públicos no solo le ha hecho mal a las mujeres, sino que le ha privado al mundo de abordar los problemas sociales y las grandes transformaciones con el inigualable aporte de la mirada femenina: la delicadeza, la sutileza, la comprensión y compasión con quienes más sufren.

Desde la educación y las políticas públicas hay que plantear este desafío de garantizar un mayor protagonismo de la mujer. Y eso se logra igualando oportunidades reales.

No es posible que por igual tarea el varón tenga mayor remuneración, situación que se da mucho, en particular en los ámbitos privados.

Debemos propiciar, con recursos económicos y tiempos laborales, que las que tienen hijos puedan compatibilizar su vocación de madre y su desarrollo profesional.

El cuidado de la familia, la educación de los hijos y las actividades del hogar deben ser una tarea compartida, en donde también varones y mujeres compatibilicen su participación, equilibrando también los roles profesionales de ambos y redundando en el bienestar de los hijos.

Sería muy importante favorecer que se establezcan, en las distintas áreas de la vida pública y privada, equipos y conducciones integrados por ambos sexos. Este mayor ingreso de la mujer en ámbitos dirigenciales permitiría enriquecer muchísimo la toma de decisiones.

En síntesis, creo que debemos liderar una etapa que se caracterizó por llevar el ‘ser mujer’ a todas las esferas.
Debemos convencernos nosotras mismas de todo nuestro potencial, y ponerlo en marcha para lograr, trabajando en conjunto con los varones, construir una sociedad más equitativa, con pluralidad de miradas, y que pueda dar respuesta a todas las necesidades de nuestro tiempo.

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