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Empleo y condiciones de trabajo en el siglo XXI

En un contexto de desarrollo capitalista en el que las sociedades actúan con miedo, se fragmentan y miran con recelo a los extranjeros debemos plantear un profundo debate, que considere la enorme transformación tecnológica que produce más bienes y servicios con menos trabajadores y la contracara de empresarios que no encuentran la mano de obra formada para los nuevos requerimientos del mercado laboral.

El desarrollo tecnológico que nos exime de trabajos brutales es un logro de la humanidad toda, no de un grupo de corporaciones empresarias, que pueden aprovecharse de los beneficios del cambio.

Para el socialismo, el derecho social y en particular el trabajo y sus condiciones, ocupan un lugar central en la agenda social y política.

Sólo con trabajadores educados y con salud se pueden alcanzar los niveles de productividad y condiciones de trabajo que socialicen las ventajas del desarrollo tecnológico del siglo XXI.

Los convenios colectivos de trabajo que hoy tenemos vigentes son del siglo XX, debemos reformarlos con las condiciones de trabajo del siglo XXI. Pero cuidado, no queremos discutir convenios colectivos para volver al siglo XIX, queremos convenios colectivos del siglo XXI, y en este siglo tenemos que reducir la semana laboral para trabajar menos, repartir el trabajo y socializar las ventajas del cambio tecnológico.

En Europa, se producen automóviles en semanas laborales de 36 horas; en la Argentina, de 48.

Si se globaliza el capital financiero y el capital productivo, debemos globalizar también las condiciones de trabajo.

Para eso, tenemos que discutir, en el ámbito del Mercosur y en los ámbitos de integración regional latinoamericana, no solo los aranceles que benefician a las corporaciones, sino también las condiciones de los trabajadores. Debemos poner en debate la economía dual latinoamericana. Que ya una parte importante no solo no esta registrada sino que esta regida por las leyes del crimen organizado. Los trabajadores de esa economía (que no es pobre) son el eslabón explotado en condiciones cuasi de esclavitud y a la vez perseguidos porque son la cara visible de una cadena perversa de intereses (manteros, bunkers).

Una de las primeras leyes presentadas por Alfredo Palacios en 1906 ya proponía limitar la jornada a 8 horas diarias y a 48 horas semanales, criterio que nos rige desde la Ley 11.544 sancionada en 1929. La reducción de la semana de trabajo tiene un profundo contenido social y económico, y afecta intereses contrapuestos. Brasil redujo la semana laboral a 44 horas. Uruguay también lo ha hecho para el comercio. Esto permite una distribución del trabajo en el conjunto social, y a una mejor y mayor cantidad de tiempo libre y de cuidado familiar. Por esto expresamos la necesidad de reducir la semana laboral.

Sabemos que se generaran profundos debates y voces de alarma sobre "la ruina de la economía" por pretender cerrar la brecha de desigualdad. Nos remitimos a los debates de 1906 y podemos comprobar que con mayores derechos de los trabajadores nos beneficiamos todos. Podrá cambiar la tecnología pero lo que no cambia son los valores de igualdad, fraternidad y solidaridad a lo largo de la historia de la humanidad.