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¿Elogio de la corrupción?

¿Elogio de 
la corrupción?

La corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el narcotráfico, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad de dimensión humana.
Este fenómeno maligno se da en todos los países -grandes y pequeños, ricos y pobres-, pero sus efectos son especialmente devastadores en el mundo en desarrollo.
La corrupción afecta infinitamente más a los pobres porque desvía los fondos destinados al desarrollo, socava la capacidad de los gobiernos de ofrecer servicios básicos, alimenta la desigualdad y la injusticia y desalienta la inversión y las ayudas extranjeras. La corrupción es un factor clave del bajo rendimiento y un obstáculo muy importante para el alivio de la pobreza y el desarrollo.
Acaso cuando se viola sistemáticamente el contrato social sometiendo al ciudadano a pagar más y recibir menos Vg., luz, agua potable, infraestructura, salud, etc., ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando se evaden o eluden impuestos, tasas, servicios, contribuciones, aportes previsionales, etc., ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando los contribuyentes cumplidores financian a los incumplidores, los que finalmente son ‘castigados’ con condonaciones y moratorias, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando se ‘tolera’ trabajo en negro e indecente, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando alguien se queda impropiamente con un crédito o una vivienda pre adjudicados a legítimos beneficiarios, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando se ‘regalan’ nuestros recursos naturales, mineros, ictícolas y más, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando el derecho humano al agua potable ¡es una carísima mercancía!, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando terratenientes se apropian por la fuerza y el engaño de añosas posesiones campesinas intergeneracionales, de su techo, de su tierra y de su trabajo; de montes, de bosques, forestaciones y más, de la mano de la violencia, de jueces corruptos, de topadoras, etc., ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando una legión de funcionarios/legisladores viven ‘de constante campaña electoral’ sin pedir la licencia correspondiente, bastardeando el uso institucional de pasajes aéreos, de asesores o colaboradores, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando los mismos sujetos precedentes tienen la osadía, el cinismo y la canallada rampante de decirles a viva voz a Vg., maestros rurales o docentes en justo y legitimo paro, etc., ‘día no trabajado, día no cobrado’, ¿eso no es que corrupción?
Acaso, cuando el grueso de la casta política de originaria clase media o media baja, que ingresó e impera desde el año 1983, enriqueció exorbitante y espuriamente su patrimonio de entonces al obsceno de la fecha, ¿eso no es corrupción?
Acaso, cuando sucesivos gobiernos transaron dignidad y júbilo por ascuas en los haberes jubilatorios, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando un puñado de ¿operadores políticos? en turbias componendas a espaldas del pueblo, nos traicionan con gremios y sindicatos, otorgándoles aviesa y enrevesadamente todo privilegio, prebendas, decenas de días feriados y, en muchos casos, hasta el poder de facto, al inmovilizarnos (cuando quieren y cómo quieren) mediante paros, asambleas o piquetes, en pueblos y ciudades enteras, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando ‘un ñoqui’ holgazán o incompetente se queda con el trabajo de un padre de familia o una persona talentosa, en el campo o en la ciudad, ¿eso no es corrupción?
Acaso cuando el productor de un kilo de carne o de un litro de leche (el mismo que debe correr en soledad con todas las inversiones, riesgos e imprevistos) cobra a duras penas entre un 15 a un 20% de lo que al consumidor se le exige en góndola, ¿eso no es corrupción?
Finalmente, por todo ello, si sólo pudiéramos ver los torrentes de hipocresía y crueldad, las mentiras y las violaciones sistemáticas de las obligaciones mínimas estatales y privadas con la dignidad humana, que fluyen de la corrupción en el devenir de nuestro país, un país constitucionalmente católico, apostólico y romano, sin titubeos, ante tal visión, palidecerían hasta sonrojar los peores cuadros mentales e imágenes que nos pudiéramos formar del mismo infierno.