Elecciones en Brasil: quien tiene prisa, come crudo

El antiguo dicho brasileño "quien tiene prisa, come crudo" refleja bien la situación actual de los partidos políticos que llevaron adelante el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff en 2016. Esto se desprende de los comentarios que esta semana hicieron dos importantes líderes de dos partidos que activamente participaron en la caída del gobierno del PT, en una especie de "autocrítica pública .

En una entrevista, el ex presidente Nacional del PSDB (Partido Social Demócrata Brasileño) y actual presidente del Instituto Teotônio Vilela, órgano vinculado al Partido, el senador Tasso Jereissati, admitió que su partido cometió una serie de errores.

El primero fue que desde el día posterior a la derrota electoral de 2014, no aceptaron el resultado de las urnas. El Senador Aécio Neves, su candidato derrotado, ante sus pares profirió un discurso fuerte acusando de fraude y mentira la campaña del PT, anticipando que efectuarán una oposición cerrada, y entró con recursos en el Tribunal Superior Electoral (TSE) cuestionando el resultado electoral. El propio Neves es apuntado por Jereissati como asunto del siguiente error del PSDB: se lo mantuvo en la presidencia del Pprtido después de que aparecieron solicitando coimas. Por último, Jereissati evalúa un error haber participado en el Gobierno Temer.

En efecto, Dilma Rousseff inició su segundo mandato presidencial en 2015 con una fuerte oposición en el Parlamento. En el Senado, el liderazgo opositor fue del mismo Aécio Neves; en la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (MDB) fue el presidente electo contra el candidato del PT.

Así, la oposición inició lo que se conoció como "pautas bombas", un conjunto de medidas con el objetivo de aumentar el gasto público y agravar el déficit en cuenta corriente del balance de pagos, en momentos que la presidenta intentaba aprobar medidas de saneamiento de las cuentas gubernamentales (reducción de subsidios y exenciones fiscales concedidas al sector productivo).

A contrapelo de lo que muchos piensan, el Gobierno del PT, recurrentemente acusado de mantener un gasto excesivo, buscaba contenerlo, y la oposición, que siempre se presentó como defensora de “las finanzas sanas , lo aumentaba. El objetivo: desbalancear las cuentas públicas para desestabilizar al gobierno de Dilma.

Una segunda autocrítica relevante fue la del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, del partido Demócratas (DEM), y fue un articulador fundamental para la caída de Rousseff. El 14 de septiembre pasado, en una entrevista afirmó que el proceso de impeachment recolocó al PT como actor político relevante.

El PT, así, vuelve con fuerza en momentos que el Gobierno Michel Temer concluye marcado por denuncias de corrupción, crisis económica agravada y alto desempleo. Además, consideró que el gobierno de Temer significó un gobierno parlamentario sin el parlamentarismo, dado que no existe la prerrogativa de cambio del presidente. Particularmente, dado que el mismo Rodrigo Maia, en dos ocasiones, no autorizó al Supremo Tribunal Federal a abrir acciones penales contra Temer luego de haber sido grabado por el empresario Joesley Baptista solicitándole que  compre el silencio de Eduardo Cunha, el ex presidente de la Cámara, preso ahora por la operación lava-jato.

Por otro lado, hace pocos días el ex presidente Fernando Henrique Cardoso asumió que Dilma Rousseff cayó porque le faltó gobernabilidad, eximiéndola del crimen de responsabilidad. Así, el PT, que siempre denominó Golpe al proceso de impeachment alegando que no hubo crimen de responsabilidad por parte de la presidenta Dilma, como exige la Ley para destitución del presidente, ve confirmada ahora su versión por su adversario político más ilustre.

Hace dos años estos partidos, junto con los grandes medios de comunicación, prometieron que bastaba la destitución de Rousseff para que la crisis económica fuera superada. En los dos años del Gobierno Temer, a pesar de un conjunto de medidas y reformas aprobadas en el Congreso, los indicadores económicos y sociales empeoraron, además de los escándalos de corrupción que alcanzaron al propio Temer y a los estos autocríticos de hoy—además de los escándalos de otras figuras relevantes de estos partidos.

A poco de la elección de octubre, las encuestas muestran bajísimas intenciones para sus candidatos. En las elecciones pasadas, por poco no vencieron: perdieron por sólo 3,5 millones de votos en un universo de 143 millones de electores.

En la actualidad, el cuadro es otro. Si fuese candidato ciertamente, Luís Inácio Lula da Silva ganaría en primera vuelta. Sin él, de acuerdo con las últimas encuestas, su sustituto, el ex intendente de la Ciudad de São Paulo, Fernando Haddad, presenta mayor potencial de crecimiento electoral, aunque disputaría votantes con Ciro Gomes, del PDT, que siempre se opuso al impeachment de Dilma.

Tendrían un segundo turno contrario Jair Bolsonaro, candidato de la extrema derecha. En suma, ninguno identificado con el Gobierno actual, cuyo presidente, Michel Temer, se rumorea, además corre serios riesgos de terminar preso, sea quien sea el vencedor. Por eso en estas situaciones se dice en Brasil: faltó un poquito de paciencia, para no comer crudo.

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