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El veto de la discordia

Cuando Mauricio Macri vetó la denominada ley antidespidos, no solo usó por primera vez -en su mandato presidencial- una facultad constitucional de control a eventuales abusos del Congreso. Puso en juego una serie de dinámicas del poder que incluyeron gestos, señales, escenarios, dialécticas y temporalidades, en busca de conquistar el apoyo de una opinión pública que aun se debate entre el contraste de los relatos políticos, la ausencia de datos confiables y sus propias sensaciones.
Desde una lectura acotada a lo partidario, el veto pareció para el Gobierno una victoria. A primera vista, logró esfumar el rédito que insinuaba obtener el Frente Renovador como defensor de las Pymes y le propinó una derrota al kirchnerismo que, más allá de conseguir la sanción de la ley, no contará con votos suficientes en la Cámara de Diputados para ratificarla tras la objeción presidencial.
Si bien Macri -como Jefe de Gobierno de la Ciudad- utilizó con frecuencia esa práctica, la táctica de vetar una ley votada por dos tercios de los senadores y más de la mitad de los diputados, no estará exenta de consecuencias. La historia de acuerdos, rupturas y desconfianzas generadas por esta discusión, modificará las alianzas estratégicas dentro del Congreso, adelantará la pelea por el poder de 2017, y podría dificultar -incluso- la gestión del gobierno. De allí que el peronismo también consiguió su objetivo de recordarle al Presidente -y al mundo- que la coalición gobernante no tiene mayorías parlamentarias. ¿Se puede propiciar el diálogo y gobernar a los vetos?
Esta contienda, también, ha dejado expuestos a los sindicalistas frente a la ciudadanía. Propulsores del objetivo de la ley, tras el veto, deben decidir si lo sostienen de manera conjunta -con la convocatoria a eventuales medidas de fuerza-o aceptan una tregua y negocian beneficios individuales aprovechando el revuelo.
Mauricio Macri intentó hacer una demostración de fuerza y convicción sobre la forma en que concibe el mando, evitando cualquier señal de debilidad a meses de iniciada su Administración El veto no fue una batalla real por la creación o la pérdida de puestos de trabajo. Se pareció más a una pu ja de fuerzas fragmentadas que practican sus escaramuzas para debilitar a sus contendientes e imponer sus ideas. Hasta el papa Francisco terció en este garabato.
En medio, una sociedad que sufre penurias económicas -y se escandaliza por el vaciamiento de las arcas públicas-aguarda por soluciones y no ser sólo la excusa de míseras cruzadas del poder.

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