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El verdadero problema del gas es que usamos mucho y producimos poco

El Gobierno cumplió en las últimas 72 horas el requisito que le fijó la Corte Suprema de Justicia para poder instrumentar un nuevo cuadro tarifario para el gas: realizó una audiencia pública en la que la mayoría de las presentaciones contrarias a la propuesta del Poder Ejecutivo hizo hincapié en el salto de precios que dispuso el Ministerio de Energía, pero sin abordar dos cuestiones esenciales: que la Argentina no produce todo el gas que se consume, lo que obliga a su importación a precios internacionales, y que en este año los clientes conectados a la red utilizaron 8% más de gas que en el 2015, aún sabiendo que estaba vigente un aumento multiplicaba por tres o cuatro el valor de la factura promedio.

En los últimos meses, el centro de la discusión pasó por la capacidad de pago de los hogares frente al denominado tarifazo. Ni el déficit de gas ni la forma en la que se financia su compra fueron temas que demandaran mucha atención. No era un tema menor, en vista de que según el Enargás en junio se utilizó 8% más gas que el año pasado, y que en el segundo trimestre las familias absorbieron un tercio del suministro total, contra 26% observado en 2015.

Con estos guarismos, está claro que la combinación de mayor consumo y mayor tarifa iba a ser un combo explosivo. Pero le culpa recayó en el segundo factor. Nadie se preocupó mucho por el primero.

La Corte dispuso que sea el Estado el que siga cargando con el peso de financiar la importación de gas. La moderación del aumento (que pasa de 400% a 2003%) equivale a mantener un mayor subsidio, que se financia con los impuestos que pagan incluso los que no tienen gas. Ni la extenuante audiencia pública ni el nuevo cuadro tarifario resuelven el problema: solo lo estiran en el tiempo.