Martes  06 de Agosto de 2019

El valor de la innovación en salud

El valor de la innovación en salud

La innovación farmacéutica constituye uno de los factores fundamentales para la mejora de la salud de las personas. A lo largo de la historia, el desarrollo de terapias innovadoras le ha permitido a la humanidad curar y erradicar algunas enfermedades, reducir la progresión de otras y mejorar de manera significativa la calidad de vida de los pacientes.

Como consecuencia de estos avances, hoy podemos decir que la esperanza de vida al nacer es cada vez mayor. Según estudios realizados por el prestigioso economista Frank Lichtenberg, entre los años 1986 y 2009 se produjo un aumento de 4 años en la expectativa de vida. Históricamente, medicamentos como la penicilina, la morfina, la insulina o las vacunas supusieron un antes y un después para muchas enfermedades y para millones de personas.  

A modo de ejemplo, y solo como referencia, vale mencionar lo sucedido durante las últimas décadas. Los antirretrovirales han logrado que el HIV (SIDA) dejara de ser una enfermedad aguda y fatal para convertirse en una condición crónica; el cáncer en general ya no es sinónimo de muerte, sino que, luego del tratamiento, se logran mejoras significativas en la expectativa de vida de muchas personas; y los medicamentos biológicos han supuesto un avance terapéutico sin precedentes en el ámbito de la artritis reumatoide y la psoriasis.

En cuanto a las vacunas, su contribución a la disminución de la mortalidad es solo comparable a la potabilización del agua como medida de salud pública. Los programas sistemáticos de vacunación permitieron la erradicación de la viruela, la interrupción de la transmisión de la polio en gran parte del mundo, la disminución de más del 95% de los casos de sarampión en el hemisferio occidental, y el control de enfermedades como el tétanos, la difteria, la rubéola o la tos ferina, entre otras.

Adicionalmente a estos incontrastables beneficios terapéuticos, la innovación farmacéutica también genera importantes beneficios económicos para los países. Por un lado, por la inversión directa en I+D que realizan las compañías: en la Argentina, la industria de la innovación agrupada en CAEMe lidera la inversión en I+D con un 27% sobre el total país. Por otro lado, ese mismo sector también genera empleo calificado y ahorros en costos directos e indirectos para el sistema sanitario.

En este último sentido, el ahorro que le generan las innovaciones farmacéuticas al sistema sanitario, sumado al aumento de la productividad, es muy superior al gasto que supone su adquisición. Esto convierte a la innovación es una gran oportunidad para el desarrollo de los países.

En paralelo, y en muchos casos como consecuencia de estos avances tecnológicos, los sistemas sanitarios a nivel global se enfrentan a importantes desafíos: el aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población, las enfermedades crónicas, el valor de los tratamientos, las terapias génicas, la medicina personalizada y distintas presiones económicas, políticas y sociales.

Es en este contexto en el cual se está produciendo un cambio de paradigma en los múltiples debates vinculados con la sustentabilidad de los sistemas sanitarios. Un creciente número de países está aplicando reformas para orientarse hacia una evaluación y financiación de los medicamentos basadas en el valor que realmente aportan y no en el precio como único determinante de la decisión de reembolso.

El término “valor” implica apartarse de un enfoque binario para adoptar una visión más holística y multidimensional del aporte de la nueva terapia, que no solo considera los resultados incrementales en salud, sino que también tiene en cuenta otros factores relevantes para la sociedad. Esta contribución debería evaluarse en términos de resultados en salud -por ejemplo, la supervivencia global si hablamos de cáncer, o el control de una enfermedad como puede ser la diabetes-; en función del grado de mejora de la calidad de vida del paciente -no solo cuánto se vive, sino cómo se vive-; y, por último, a partir del ahorro que generará en otros recursos sanitarios, como el acceso a las urgencias o intervenciones quirúrgicas.

El foco puesto en el valor les permite a los sistemas sanitarios más avanzados decidir no solo dónde invertir, sino también dónde desinvertir. Siendo los recursos públicos limitados, para financiar nuevas tecnologías que agreguen más valor, es necesario dejar de hacerlo en aquellas cuya contribución es menor.

Tengamos en cuenta, por otra parte, que el gasto en medicamentos representa solo una parte del costo total de los sistemas sanitarios. En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la cual la Argentina pretende ingresar, este gasto representa el 20%. La política de medicamentos debe insertarse en un conjunto de políticas sanitarias que contemple otros factores importantes para hacer un sistema cada vez más eficiente, y permitir que los recursos públicos invertidos en salud redunden en más y mejores beneficios para la población.

En este sentido, en nuestro país, los distintos actores que integramos el sistema sanitario tenemos la oportunidad de debatir y acordar temas clave, con el objetivo de hacerlo más eficiente y equitativo. Temas como la financiación de un sistema fragmentado, segmentado y con baja gobernanza; la protección de los derechos de propiedad intelectual y el desarrollo de un sistema robusto de control; la modernización y adecuación a estándares internacionales de los procesos de registro de las nuevas tecnologías; el impulso de un mercado de biosimilares y genéricos que garanticen la misma calidad, seguridad y eficacia que los medicamentos originales, pero a un menor precio; la correcta evaluación de las tecnologías en forma profesional, centralizada y enfocada en el valor; la posibilidad de contar con modelos creativos de compra y financiamiento de medicamentos; y la necesidad de disponer de sistemas de gestión modernos basados en información son apenas algunos de los desafíos que deben afrontarse con urgencia, pero apostando al desarrollo de políticas públicas que perduren en el tiempo y que tengan a los pacientes en el centro de la escena.

La adecuada implementación de estas políticas, por la que ya han transitado muchos países,  permitirá avanzar hacia la meta de lograr acceso universal a la salud dentro de un sistema sanitario sostenible. El acceso de los pacientes a las terapias innovadoras no solo es perfectamente compatible con la sustentabilidad del sistema sanitario, sino que, además, constituye un elemento clave para asegurar la solidez y la calidad asistencial que nos merecemos los argentinos. 

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