El último grito de la Tierra

La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 establece el derecho a un ambiente sano. El acceso y el desarrollo en un ambiente propicio es un derecho pero viene acompañado de la responsabilidad de cuidarlo. Si nosotros no preservamos el ambiente, nadie lo hará por nosotros. Esta pandemia nos hizo abrir los ojos y tomar conciencia de toda la biodiversidad y los espacios que están en riesgo.

Las problemáticas ambientales amenazan nuestro planeta: nuestro suelo, nuestro aire, nuestro agua, nuestra biodiversidad. Todo eso está en peligro y la Tierra no para de darnos señales de aviso. No existe un plan B, es la única Tierra que tenemos. Vivir en un lugar que está contaminado afecta a nuestra salud directamente. Entonces, si arruinar nuestro ambiente termina perjudicando nuestra salud, ¿por qué no actuamos?

Si bien el agua representa un 70% de la superficie de nuestro planeta, estamos agotando este recurso también. Se prevé que la demanda mundial de agua se incrementará en un 55% entre 2000 y 2050. Gran parte de esa demanda proviene de la agricultura (70% del consumo mundial de agua dulce) y de la producción de alimentos (que crecerá hasta un 69% en 2035), según el artículo Is the world running out of fresh water? de la BBC. El consumo sigue aumentando pero la fuente es siempre la misma, entonces ¿cuánto falta hasta que acabemos con todo? Las sequías y la escasez de agua se han vuelto problemas importantes en numerosas partes del mundo.

La contaminación es intolerable y habiendo diseñado internacionalmente estrategias verdes, seguir eligiendo prácticas que contaminan se vuelve inaceptable y el reciclaje, a su vez, es una salida esencial. El cambio climático es el último grito de la Tierra: la deforestación, el deshielo y las temperaturas extremas son solo algunos de los síntomas de que nuestro hábitat se está muriendo. El tiempo de actuar es ahora. Es hoy. Y es a través de políticas públicas que fomenten prácticas amigables con el ambiente.

La Reserva Natural Provincial Santa Catalina es el corazón ambiental de Lomas de Zamora y representa, con sus 670 hectáreas, un 7% de la superficie del distrito. La naturaleza que empapa cada uno de sus rincones es importantísima para el medio ambiente y para los vecinos. La Ley Provincial 14.294 sancionada en 2011 la declaró "Reserva Natural Provincial" pero aún no se ha reglamentado definitivamente.

Santa Catalina es un ejemplo de todo lo que aún falta en política ambiental y los incendios en Córdoba fueron otro vértice que pone de manifiesto la inestabilidad y deficiencia en regulaciones verdes. Por eso, creo que un avance en este sentido es la Ley Yolanda que propone la formación integral en medio ambiente para las personas que se desempeñen en la función pública. Estoy convencido de que legislar debe ser un accionar colectivo, consensuado y con perspectiva ambiental.

No alcanza solamente con regular cuestiones ambientales, sino que debemos aplicar una mirada amigable con el ecosistema en todas las decisiones que tomamos. De esto se trata legislar para un futuro mejor.

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