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El salto que falta: dejar de pensar que el peor escenario es el más probable

Hay dos factores que impiden hasta ahora cerrar un acuerdo con los docentes bonaerenses que permitan levantar el paro dictado para lunes y martes de la semana próxima y habilitar el inicio normal de las clases. El primero es qué capacidad financiera tiene la provincia de Buenos Aires para que sus maestros recuperen parte del poder adquisitivo perdido en 2016. El segundo es la incertidumbre sobre cuál será la inflación real del año en curso.

La propuesta que hizo la administración de María Eugenia Vidal se centró en que los docentes no pierdan poder de compra sobre los precios de este año. La idea de que se les garantice un piso de 18%, con una cláusula gatillo que asegura cubrir la diferencia entre el 4,5% ofrecido para cada trimestre, y la inflación efectivamente verificada en el período, transmite como mensaje el hecho de que en el primer semestre hay un empate seguro, y en el segundo podría haber una recuperación salarial real si se cumple el pronóstico oficial de que la inflación será menor a 1%.

Los representantes sindicales de los docentes creen que en el 2017 la inflación no bajará de 25%, y además piden 10 puntos de compensación. La provincia contraofertó cubrir la inflación, sin piso ni techo. Pero con un aviso: si al final del año es 17%, podrían recibir menos que en la oferta inicial.

El cuarto intermedio indica que hay vocación de seguir discutiendo, y que existe la posibilidad de que se sume algún recurso adicional a la mesa de negociación. Hay mucha expectativa sobre qué numero cierre esta negociación, y también presión social para que la Argentina entre en un sendero de normalidad, en el que el inicio de clases no esté en juego más allá de que haya una discusión salarial abierta o no. Lo que hay que aprender y consensuar alguna vez es que los acuerdos de este tipo no pueden incluir siempre una cobertura para el peor escenario posible.

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