PUNTO DE VISTA

El rumbo económico y sus inconsistencias

En diciembre de 2015, cambió el rumbo de la política económica. Desde entonces, la misión primaria consistió en superar las desavenencias previas provocadas por el rígido control al ingreso de capitales del exterior, el racionamiento impuesto a las operaciones cambiarias (el cepo) y las retenciones a las exportaciones agropecuarias. El propósito central era claro y conciso: restaurar y consolidar la confianza del mercado. Una vez superada esta instancia, el ingreso de divisas sería lo suficientemente fluido para saciar la totalidad de las necesidades internas sin ingresar en las sombrías crisis de balance de pagos del pasado.

En lo estrictamente social, las clases media, media alta y alta de las ciudades, habían entendido que, de ese modo, se superarían décadas de estancamiento.

Transcurridos más de 30 meses de aquel "hito político", los resultados del modelo no siguieron el camino esperado. Los históricos escollos de corto plazo de orden interno, internacional, coyuntural y estructural, potenciados, posiblemente, por la ausencia de realidad de sus generosos supuestos, constituyeron obstáculos difíciles de sobrepasar. Desde abril, la fragilidad explícita del sistema erosionó porciones importantes de capital político. En ese mes y el siguiente, se reavivó el temor y hubo más toma de conciencia acerca del acelerado aumento del endeudamiento externo, el empeoramiento del resultado fiscal financiero y su monetización, el regreso de las crisis de balance de pagos, el retorno de la asistencia del FMI y el incremento del stock de las Letras del BC (LEBAC). Esta secuencia de acontecimientos, introdujo inestabilidad financiera al BC, impulsó la inflación, aumentó exorbitantemente las tasas de interés y "sepultó" el incipiente incremento de la inversión agregada (real) y el dinamismo del crecimiento económico de los meses previos.

Desde lo financiero, el regreso del FMI y el espaldarazo de MSCI no modificaron la dirección de las expectativas: continuaron a todo ritmo las absorciones de las subastas diarias de divisas del BC y las negociaciones de los pasivos en pesos a elevadas tasas de interés. Si bien el BC redujo el stock de LEBAC, la curva de este instrumento de política monetaria siguió (y seguirá) invertida por la puja entre los requerimientos voluntarios de los inversores financieros y los desafíos actuales del modelo. Aunque las tasas de interés tendieron a bajar tenuemente en la licitación del 19J, el tramo más líquido quedó en el exorbitante nivel de 46,5% y el "más largo" en 42,4%. La foto y la película, retrataron "la preferencia por los bonos de un vencimiento sobre otro, un vencimiento particular de un bono (hábitat preferido) en el cual se prefiere invertir (Mishkin, 2007)". El "hábitat preferido" en la Argentina, es un cortoplacismo asociado al desacuerdo con el rumbo económico. La estructura de plazos de las LEBAC ), refleja la gravedad de la "expectativa de la trayectoria futura de las tasas de interés, así como su prima de riesgo (Fabozzi / Modigliani, 1996)". En concreto, mostrará la visible inconsistencia entre los niveles de las tasas de interés y la viabilidad de los proyectos privados de inversión.

Quienes defenestraron el modelo previo a diciembre de 2015, adhirieron incondicionalmente al paradigma entrante y luego también lo detestaron por su praxis, hoy afirman dogmáticamente que podría encauzarse la situación si se intensificaran las reformas estructurales siguiendo los pasos de Chile pero, curiosamente, sin hacer mención al pobre estado actual de su distribución del ingreso (tal como lo reflejan las publicaciones de la OCDE). Para completar el reacomodamiento micro-macro (el ajuste), estos grupúsculos disconformes con todo (lo anterior y lo actual) promueven "exterminar" de manera "exprés" el déficit fiscal primario y el stock de LEBAC, retirar al BCRA del mercado de cambios (dejar flotar), desarticular lo que queda del esquema de retenciones a las exportaciones agropecuarias y mantener la pulcritud del proceso de adecuación tarifaria aun cuando, como ya se sabe, reduce el ingreso disponible de las familias, el consumo y la demanda agregada. La pregunta para estos díscolos es la de siempre: si fueran elegidos para ocupar Balcarce 50, ¿pondrían en marcha su modelo económico tal como lo enuncian por televisión? ¿Soportarían políticamente la inestabilidad social y las manifestaciones en la plaza?

¿Qué se debería esperar para el cierre de 2018 y 2019? Un crecimiento negativo este año y una débil actividad en el próximo porque se necesitarán dólares para volver a crecer. He ahí la cuestión: no los proveerían las exportaciones y, por las razones ya mencionadas, tampoco lo haría el lado financiero. Esto lleva a pensar que el problema argentino es histórico, bastante más profundo y no se resuelve en el corto plazo . La sociedad argentina debe despojarse de sus ideologías antagónicas, replantarse el modelo de desarrollo económico y la manera en que preferirá acumular divisas. Si sigue esperando el milagro de corto plazo vía los caminos de la deuda y la competitividad sin un norte definido (o sea, sin un plan), las crisis de balance de pagos y los salvajes deterioros de la distribución del ingreso estarán siempre al acecho, tanto como la fragilidad y la volatilidad social.