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El populismo proteccionista de Trump y sus consecuencias económicas

A partir de mañana se hará realidad la puesta en funciones del hasta hoy presidente electo Donald Trump. El mundo, sumergido en un mar de dudas, espera con temor el inicio de una nueva etapa de la economía global. ¿Ante este panorama, qué se puede esperar del gobierno de una persona que, a lo largo de su campaña y en posteriores declaraciones, mostró –entre otras "virtudes"– las siguientes características: populista, proteccionista, aislacionista, xenófobo e impredecible. Obviamente, este cocktail intelectual ha generado, a nivel mundial, un elevado grado de incertidumbre que –en el último año– se ha visto incrementado por la exacerbación de partidos de extrema derecha e izquierda –especialmente en Europa– que convergen precisamente en un populismo proteccionista; claramente antiglobalización y antisistema.

En relación a sus promesas de campaña, y en lo específicamente económico, se destacan:

- Aumentar el gasto público en u$s 500 billones (3% del PBI), mediante inversión en infraestructura y defensa; pasando de una política monetaria laxa a una de estímulo fiscal.
- Fuerte recorte de impuestos; tanto personales como corporativos.

-Renegociar el tratado de libre comercio entre EE.UU., Canadá y México (NAFTA); retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) firmado por Obama con 12 países de la región Asia Pacífico (excluyendo a China) y abandonar, luego de seis años de intensas tratativas, las negociaciones para lograr un acuerdo comercial con la Unión Europea.

- Incrementar la protección contra las importaciones mediante una suba generalizada de aranceles, mencionando incluso la posibilidad de ‘castigar‘ las exportaciones hacia EE.UU. provenientes de nuevas inversiones corporativas en caso que se radicaran fuera de las fronteras del país del norte.

El conjunto de estas medidas indican, en general, una clara posición de "proteccionismo populista"; generando un fuerte incremento de la incertidumbre y un aumento de la "aversión al riesgo"; tanto a nivel doméstico como internacional. Entre las consecuencias negativas de las mismas, se pueden mencionar:n Aumento del déficit fiscal de EE.UU., provocando un incremento de la presión inflacionaria y de la relación deuda pública/PBI.
- Posible reacción de la FED, entidad que subiría su tasa más rápidamente que lo previsto pre-elecciones.
- En paralelo a lo anterior, suba de la tasa de 10 años de los bonos del Tesoro (referencia mundial); la cual a la fecha ya se ha incrementado del 1,75% al actual 2,4% con el consecuente aumento del costo financiero; tanto a nivel corporativo como soberano.

-Dólar fuerte.
- Restricciones al comercio internacional y eventual guerra de monedas, con el consecuente impacto en el nivel de actividad económica global. Respecto a esta posición arcaica de proteccionismo, la realidad y la teoría han demostrado que su contrapuesto –el libre comercio– permite, sin dudas, generar tasa de crecimiento superiores y. por ende, mejor calidad de vida.

- Fuga de capitales y devaluación de sus monedas.
En síntesis, de cumplir con sus promesas, el escenario base no puede -en general- considerarse positivo. En efecto: el proteccionismo (con las lógicas reacciones negativas de sus aliados y el campo libre para una mayor inserción mundial de China y Rusia), sumado al resto de sus políticas populistas, no auguran por cierto una economía global sin sobresaltos.

Ahora bien. ¿Cuál sería el "efecto Trump" sobre la economía argentina? En principio: aumento del costo del endeudamiento, menor facilidad para acceder a los mercados financieros internacionales, escasa o nula posibilidad de implementar un tratado de libre comercio con el país del norte, caída de exportaciones en general –por eventuales represalias globales– y hacia EE.UU. en particular, fuga de capitales por aumento de la aversión al riego y eventual presión sobre el tipo de cambio. Ante este escenario, nuestro país debiera moverse buscando rápidamente alianzas políticas y comerciales y con el resto del mundo. A este respecto, y sólo a modo de ejemplo, nuestro país debiera acelerar las negociaciones ya iniciadas con la Unión Europea e intentar cerrar otros acuerdos.

Como se ha visto, el panorama es extremadamente complicado e incierto. Es de esperar, entonces, que los contrapesos institucionales de los EE.UU. limiten y/o suavicen la implementación de sus propuestas; caso contrario, el mundo en general –y nuestro país en particular– sufrirían los avatares derivados de las mismas.

Una reflexión final. El argumento base de los "proteccionistas" consiste en afirmar que los beneficios de la globalización no se han "derramado" en forma pareja, concentrando aún más la riqueza mundial. Esto es una realidad. Sin embargo, la solución no es eliminarla sino lograr una mejor distribución de sus innegables beneficios.