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El peronismo dividido, una de las grandes claves del éxito macrista

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NOELIA BARRAL GRIGERA En Twitter: @nbg_

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Maratónica sesión en Diputados donde el FpV, con Máximo Kirchner, se presentó con banderas y escarapelas

Maratónica sesión en Diputados donde el FpV, con Máximo Kirchner, se presentó con banderas y escarapelas

En estado de ebullición, dividido y sin una voz de liderazgo, el peronismo terminará siendo hoy una pieza fundamental para permitirle al presidente Mauricio Macri concretar los pasos legislativos necesarios para cerrar el acuerdo con los fondos buitre y liberarse del peso de ese juicio para poder volver a emitir deuda.

En Diputados, la segmentación del peronismo –que incluyó una escisión en el bloque, con Diego Bossio a la cabeza de los migrantes– le facilitó al macrismo conseguir la friolera de 165 votos a favor de la iniciativa oficial. En el Senado, el número se acercará también a un récord, con alrededor de 50 apoyos, según calcula el Gobierno, incluyendo al voto de mayor simbolismo posible: el del jefe de los senadores peronistas, Miguel Pichetto.

Ambos marcadores, en la Cámara baja pero especialmente en la alta, eran impensados para Macri hace apenas tres meses, cuando asumió estando en clara desventaja numérica en el Congreso. Conscientes de ello, sus espadas ejecutivas y legislativas hicieron un trabajo de hormiga que hoy al atardecer dará su primer gran fruto.

Buena parte de ese trabajo consistió en horadar la reseca argamasa que todavía unía al peronismo después de la derrota electoral. Gobernadores, intendentes, sindicalistas, diputados y senadores. Muchos fueron contactados y abrieron negociaciones –algunas más efectivas que otras– para llegar hoy a la aprobación del proyecto.

Como en otros aspectos de la gestión (desde beneficiar en el envío de fondos federales a las provincias aliadas, hasta los adelantos transitorios del Banco Central al Tesoro, pasando por la primera y abultada tanda de decretos simples y de necesidad y urgencia), en el Congreso el macrismo puso en práctica, con éxito, herramientas que habían sido usadas hasta el cansancio por el kirchnerismo para amalgamar una mayoría circunstancial en respaldo de su iniciativa. Y, como también sucedió hasta el cansancio durante los últimos años, la dispersión opositora se convirtió en un factor más de los que jugaron a favor del oficialismo.

En los años de hegemonía K, era moneda corriente escuchar a los entonces opositores pedir unidad para conformar una alternativa con chances reales de disputarle el poder al kirchnerismo. Tardaron varios años en lograrlo y, cuando algunos de ellos finalmente se pusieron de acuerdo y lo hicieron, ganaron las elecciones.

El peronismo busca ahora entrar en ese mismo camino mientras se enrosca en la pelea interna, a la caza de un liderazgo unificador que todavía no se vislumbra y que, cuanto más tarde en llegar, mejor servirá para que los proyectos del Gobierno se abran paso sin oposición de peso en el Congreso Nacional.