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El papel del peronismo a 40 años del Golpe

El 24 de marzo de este año se cumplieron 40 años del golpe militar con el cual comenzara el genocidio más salvaje y aberrante de toda nuestra historia. Sus secuelas jamás podrán ser saldadas ya que persiste en la sociedad el dolor por tantos muertos y desaparecidos. Lo que queda, es la lucha incansable en los juicios pendientes a genocidas y la recuperación de la identidad de quienes fueron secuestrados durante ese proceso.
Como en todos los acontecimientos históricos de salvajismo social; quedan hechos, conductas y actos de valentía y grandeza humana dignos de reivindicación y reconocimiento, entre los cuales merece destacarse la heroica gesta de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el ejemplar e histórico juicio a los comandantes y jefes militares y la anulación de los indultos y leyes de obediencia debida y punto final, como hitos más emblemáticos.
Hace poco falleció Julio César Strassera, el inolvidable fiscal que encabezó la acusación a los militares genocidas que culminara su alegato con la histórica y acertada frase ‘Nunca Más’. En su persona vaya el recuerdo y homenaje a todos los protagonistas de esa gesta judicial.
Cuando se produjo ese repudiable quiebre de la continuidad institucional en nuestro país, gobernaba el peronismo, aunque inmerso en una crisis producto al vacío de poder derivado de la muerte de su líder. Este movimiento, se encontraba sumido en divisiones y disputas intestinas, que al fragmentarlo hicieron que dejara de ser la síntesis nacional y popular de unidad que lo caracterizó y potenció desde sus orígenes.
Hoy, en este aniversario de esa salvaje asonada y luego de más de tres décadas de continuidad y alternancia democráticas están en riesgo importantes reivindicaciones y avances que se habían logrado, entre ellos, la defensa de los Derechos Humanos. En este marco, encontramos que nuestro movimiento está vivo y vigente luego de gobernar hasta el pasado 10 de diciembre de 2015, tanto en la Nación, como en las principales provincias.
No obstante, con la derrota electoral, perdió el gobierno nacional, el de la provincia de Buenos Aires, el de otras provincias importantes y una numerosa cantidad de municipios que lo sumieron en una situación compleja, de la que debe salir con autocrítica, grandeza y desprendimiento de su dirigencia, haciendo prevalecer los intereses del conjunto por sobre los intereses sectoriales e individuales, para poder direccionarse con posibilidades de triunfo a las elecciones de medio término del año próximo.
En algo no menor debimos habernos equivocado para que por primera vez desde la implementación del sufragio secreto y obligatorio de la ley Saenz Peña, llegara a conducir la Nación por el voto popular un gobierno que adhiere al liberalismo económico.
Sin renegar de los aciertos y reivindicando las medidas de justicia redistributiva, de generación de empleo y potenciación del consumo mediante el fortalecimiento del mercado interno, con la recuperación del poder adquisitivo de los sectores populares, la exitosa renegociación de la deuda externa, la asignación universal por hijo, el programa conectar igualdad, las políticas de derechos humanos, etc., debemos hacernos cargo de los errores cometidos y que nos llevaron a la derrota.
Para revertirlos y encaminarnos a recuperar el gobierno en el 2019, es necesario dejar de lado falsos fundamentalismos, recuperar la capacidad de síntesis en la representación del conjunto de los argentinos sin falsas antinomias y para ello es necesario priorizar la unidad en la renovación de la conducción partidaria nacional, generando los consensos necesarios para arribar a una lista única que evite enfrentamientos estériles y nos posicione en condiciones electoralmente competitivas.

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