El país necesita más pruebas y menos dudas

Hay una nueva realidad que una buena parte de los dirigentes argentinos todavía no advierten. Y es que la muerte de Nisman repuso al miedo como sensación dominante en la sociedad. Más allá de los pensamientos, las ideologías y de cada nivel social. La violencia extrema de la muerte congela más a los ciudadanos que el impacto de la adversidad económica o el de la corrupción.


Prueba de esa lejanía dirigencial es la lentitud de las pericias y las decisiones judiciales que deben esclarecer la muerte oscura del fiscal. Prueba de ello es el cuadro incompleto de los referentes políticos en el acto del miércoles en la AMIA. Y la prueba más elocuente de ese aislamiento fue, sin dudas, el texto exculpatorio que la Presidenta posteó ayer en su blog para adjudicarle el móvil de la muerte de Nisman a la conspiración que siempre tiene bien a mano.


"No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas", dijo, en la frase menos feliz de una declaración desangelada que bien podría haber pronunciado un plomero o una enfermera. Pero jamás debería haberlo dicho una abogada. De Cristina, de la oposición y de los jueces se esperan las señales de un Estado más presente que cambie por optimismo las muecas escépticas de estos días.

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