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El orden tan temido

Es impensable el crecimiento de un país sin generar la confianza y estabilidad que brinda un orden jurídico y económico.

Hace décadas que vivimos en la Argentina inmersos en un desorden institucional totalmente funcional a los corruptos.

El orden que requiere una sociedad para crecer es quizá al valor más importante que hemos perdido diluido en políticas ajenas al bien común. Nos acostumbramos casi sin darnos cuenta a protagonismos egoístas y militancias fanáticas que con un falso relato subsumían a los más necesitados en ignorancia y autodestrucción.

Confundir los derechos, deberes y trastocar todos los roles que deben ejercerse desde la autoridad ha sido una constante que afectó en lo más profundo nuestra cultura. Ley es autoridad y quien la ejerce está de nuestro lado, no es el enemigo.

La educación resulta el pilar de toda sociedad para su desarrollo y crecimiento. A mi criterio, debemos contar con una política integral educativa que no sólo jerarquice el trabajo docente sino también le brinde capacitación permanente. Pero en línea con la responsabilidad que esta actividad conlleva, resulta injustificada desde todo punto de vista, que una vez más, en vísperas del comienzo del año lectivo, se pretenda la imposición y extorsión que significa el paro docente por paritarias no acordadas.

Educar es un servicio público y los destinatarios no pueden ni deben ser víctimas de pulseadas políticas. No escuché nunca a ningún gremio docente aportar o poner de relieve un programa que refiera a mejor calidad educativa o contar con una mejor capacitación con tanto afán como se hace con sus remuneraciones. ¿Acaso piensan en las generaciones sin educación y sin futuro?

Padecemos como sociedad de un mal que se ha instalado en nuestra cultura con instituciones difusas, leyes permisivas y falta de controles. Necesitamos sanciones ejemplares y leyes que marquen los límites claros. Y las penas se cumplan sin concesiones. No obstante, hay ciertas cuestiones tan caóticas y complejas como la inseguridad, que requieren de un programa complejo, completo e interdisciplinario. Bajar el límite de edad de imputabilidad no es suficiente si no va acompañado de medidas de contención social, reforma integral del Código Penal y de Procedimiento Penal, saneamiento del Poder Judicial y una Política Penitenciaria reformulada hacia el servicio a la comunidad con trabajo educativo para terminar con reincidencias evitables.

Hay quienes temen el orden, incluso se animan a cuestionarlo. El caos es el caldo de cultivo del vale todo y la falta de respeto por el derecho del otro.

Si realmente los argentinos queremos vivir mejor debemos aceptar que sin orden no hay seguridad jurídica ni garantías que construyan la confianza necesaria para recibir inversiones que generen trabajo, ni crecimiento actual o futuro posible.

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