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El optimismo por los cambios en la economía no está al alcance de todos

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HERNAN DE GOÑI

Subdirector Periodístico

 

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El Gobierno está haciendo una apuesta económica audaz: tratar de corregir en seis meses todos los desajustes que heredaron de la gestión anterior, a riesgo de que en términos de crecimiento el país siga en el mismo casillero en el que arrancó la administración Macri, o incluso en uno anterior.

Está claro que los componentes que ya tiene incorporados este nuevo escenario son muy diferentes. Por un lado, se levantó el cepo al comercio exterior y se normalizó el mercado cambiario; se ajustaron las tarifas de los servicios públicos para dejar atrás años de congelamiento y se alcanzó un acuerdo con los holdouts para cerrar el default de 2001, por nombrar las más relevantes. Pero en paralelo, también se otorgaron beneficios fiscales para el campo y los asalariados (por la vía del Impuesto a las Ganancias); se dispuso ampliar las asignaciones familiares y la eliminación del IVA a la canasta básica para los sectores de menos ingresos; y se extendió la tarifa social a todo el país, entre otras.

En términos fiscales, el resultado no parece muy distinto. Según los números que presentó el Palacio de Hacienda, el déficit fiscal tras el pago de la deuda se ubicará en 7,2% del PBI, parecido a lo que dejó el kirchnerismo. Para algunos analistas, estos números incluyen un sesgo optimista (sobreestiman el crecimiento) y pesimista a la vez (toman un tipo de cambio promedio menor a $ 15, lo que reintroduce la problemática del atraso cambiario).

Hay una expectativa positiva, que ya se registra en materia de anuncios de inversión. Y mucha confianza en 2017. Pero la cuesta es alta. Con datos duros en la mano, el Gobierno cree que la alcanzará en mayo/junio. Su problema es que el resto verá nubes durante unos cuantos meses más.