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El mundo todavía no sabe cómo alinear la innovación tecnológica con los cambios en el empleo

Los argentinos que participaron ayer en la primera jornada del Foro Económico Mundial sobre Lationamérica no tuvieron más remedio que hacer un puente entre dos realidades. Por la mañana temprano, todos estuvieron pendientes del paro general de la CGT. La ofensiva gremial se transformó en una referencia obligada, porque la mayoría de los empresarios que concurrieron al Hilton estaba pendiente de su impacto político y también del efecto que podría tener sobre sus paritarias. En las sesiones plenarias y en los diferentes debates, la agenda tenía un tono global. Pero lo que surgía de las voces que nutrieron la jornada no era un contraste con la protesta local. Por el contrario, el trasfondo que surgía era similar. Con otro lenguaje, otra escala y diferentes telones de fondo, el tema central es el mismo: qué pasa con el comercio global y con el impacto de la tecnología en el empleo.
Cuando la CGT protesta contra las importaciones; cuando los taxistas se quejan de Uber; cuando los petroleros reclaman por los ajustes domésticos que impone la baja del petróleo; cuando textiles y jugueteros se quejan de China (solo por mencionar algunos casos), estamos abordando la misma problemática que empujó a Donald Trump a enfrentarse con los países asiáticos y a poner en suspenso los principales acuerdos comerciales de Estados Unidos.
Klaus Schwab, fundador y CEO del WEF, lo expresó en tres frases: el mundo entró en una nueva era dominada por la tecnología; ganar competitividad se transformará en una una forma de redistribución y sobrevivirán aquellos que sepan transformarse en sujetos innovadores.
Todos coinciden en que la tecnología es la base de la globalización, y que su crecimiento muchas veces disruptivo transformó el empleo a una velocidad nunca vista.
Lo que queda sobre la mesa, a la luz de procesos políticos en los que crecieron las expresiones nacionalistas, es que los gobiernos tienen que tener más presente (y lo están haciendo) el factor humano. La discusión tiene al comercio como primera parada, pero no se detiene allí. Los diagnósticos cada vez están más cerca, pero lo que no tiene respuesta aún, ni en la Argentina ni en el mundo, es cómo lidiar con las transiciones. Hay empleos que nunca volverán, pero las personas que los perdieron igual esperan una respuesta. Algunos quisieran regular el cambio. Otros creen que es un paso inútil. En donde todos coinciden es que no habrá una salida si no están todos los actores en la misma mesa. EE.UU. contra China no es la solución. Gobierno contra gremios tampoco.

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Comentarios1
Jorge Ignacio Andreotti
Jorge Ignacio Andreotti 07/04/2017 02:30:23

Esta nota es muy oportuna, porque ha asociado el problema argentino con el problema mundial: el reemplazo del hombre por la máquina. Esta es la fuente original de todos los conflictos.