El mundo puede aportar dólares, pero antes hay que dar algunas garantías

El mundo puede ayudar a que los efectos económicos de la pandemia sean menos duros que los sufridos hasta el momento. Para la Argentina, que entró débil al 2020 por la crisis de incertidumbre que provocó el proceso electoral previo, no es un tema menor.

Porque las naciones desarrolladas que enfrentaron la epidemia pueden volver al nivel en el que se encontraban antes, pero en nuestro caso la parálisis hundió más a una economía que ya estaba sumergida. La recuperación será más dificultosa porque llegar a la línea de flotación demandará más tiempo y más esfuerzo.

El primer aporte externo que recibirá la Argentina será la vacuna contra el coronavirus. La dirigencia política y la sociedad hoy están divididas por la aparente desidia con la que un sector de la población se somete a las medidas preventivas aconsejadas para esta etapa.

Algunas flexibilizaciones, como las que ejecuta la ciudad de Buenos Aires, reciben cuestionamientos porque son vistas como una invitación al incumplimiento, como si la responsabilidad individual fuese distinta según el lugar de residencia. Pero parece difícil que haya un camino diferente a seguir hasta que esté lista y aprobada la cura en la que trabajan laboratorios de todos los continentes.

Los rebrotes que hoy se ven en Europa (como los hubo en Nueva Zelanda o China) pueden ser contenidos parcialmente con nuevas medidas de aislamiento. Su dureza, no obstante, está siendo administrada en función de la capacidad de respuesta de cada sistemas de salud. La Argentina no se decide a explicitarlo. Pero no tiene otras vías diferentes para explorar.

Un mundo con acceso a la vacuna y con capacidad de hacer rebotar a las grandes economías gracias a instrumentos de política económica más sólidos, puede servirle al país tanto como el exitoso cierre del canje de deuda. Para algunos, Estados Unidos aún es un factor de incertidumbre porque hay una elección presidencial en el medio.

Y si bien la ventaja que tenía el demócrata Joe Biden sobre Donald Trump se fue recortando, lo real es que la política de la Reserva Federal de tasas bajas y un dólar débil no va alterarse demasiado si hay un cambio en la Casa Blanca el año entrante. Los rendimientos se aplanarán y volverá la oportunidad para activos de mayor riesgo, lo que crea chances para que los inversores miren otra vez a la Argentina.

La condición necesaria para que eso suceda es que la economía local funciones con reglas que permitan hacer negocios. Tal vez se pueda hablar de tiempos para que eso suceda (la Argentina es adicta al gradualismo) pero no de rumbos. Solo así las empresas volverán a invertir para producir y generar empleo. O para que los inversores compre bonos soberanos o acciones privadas. Los cerrojos financieros, legales o regulatorios también son una traba para que los dólares entren.

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